domingo, abril 29, 2007

El silencio de un país descuartizado

La publicación el martes 24 de abril en El Tiempo de una extensa, detallada y escalofriante crónica sobre la siniestra ‘metodología’ utilizada por los paramilitares para asesinar y desaparecer a cerca de 10.000 víctimas, nos deja sin aliento a quienes aún creemos en el respeto a los semejantes y, por supuesto, a la vida.
Pero como siempre, aquí nunca pasa nada: el país, nosotros, seguimos levantándonos y acostándonos como si no nos hubiésemos enterado. Ningún eco se ha sentido fuerte en los demás medios, mucho menos en la opinión pública, que apoya mayoritariamente (al menos según las encuestas) y a ciegas, los exabruptos del gobierno más corrupto y politiquero de que tengamos conocimiento los nacionales.
Es ya usual en la blogosfera que cuando se condenan las acciones de los paramilitares, y lo vengo haciendo en este espacio desde hace más de 3 años, algunas voces se levanten histéricas y cuestionen por qué no critico mejor a la guerrilla. Curiosamente, cuando he enfilado baterías muchas veces contra la guerrilla, a la que considero tan abominable como a los ‘paras’, no recibo insultos por parte de los ‘guerrillos’ o de sus simpatizantes. A lo mejor no me leen. Y aclaro, para que no me manden al DAS: no soy guerrillero ni mamerto. Soy solo un solitario anarquista.
Aquí no se trata de tomar partido entre uno u otro bando delincuencial, que es a lo que Uribe quiere enfrentarnos: si no estamos del lado de su seguridad democrática, somos terroristas de civil, apátridas o guerrilleros disfrazados y mediocres. Entonces sería mejor apoyar tácitamente la causa paramilitar, hoy más viva y coleante que nunca. Nada de eso. El gran problema de la Colombia sanguinaria y mafiosa lo sufrimos la inmensa mayoría, y a la final no es un asunto político ni de ideologías, sino parte de nuestra afianzada cultura de lo ilegal y lo arbitrario.
De lo que realmente se trata, creo yo, es de reaccionar de una vez por todas, de despertarnos del marasmo en que estamos y decir ¡basta! Es que la firma del TLC o la reforma a la Ley de Transferencias son apenas un juego de niños al lado de la Ley de Justicia y Reparación. En honor a la verdad, Impunidad y Cinismo sería su verdadero nombre. Absolver a estas crápulas sociales que han cometido tales horrores y permeado las altas esferas de la política y el gobierno, traerá mayor descomposición social y será el peor modelo de ética pública que podremos dejarle a las generaciones venideras. ¿A cambio de qué? De la legalización de enormes fortunas mal habidas y del afianzamiento del poder mafioso, cada vez más presente.
Gente maldita de toda Colombia: abran los ojos y vean lo que pasó, lo que está pasando y lo que pasará. Lean, entérense, piensen, reflexionen. No sigan apoyando la vagabundería que significa elegir a esta manada de indeseables para que nos gobiernen a su antojo, bellacos sepulcros blanqueados a quienes llaman ‘doctores’. La próxima vez votemos en blanco.

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