Susto tan padre el de Álvaro Castaño, Glorita y los niños* el pasado jueves, cuando se enteraron por la prensa que Internet se desintegraría**.
Tranquilos. Pero eso sí, quienes aún siguen con gran desconfianza el paso de la HJCK a Internet, y continúan abatidos por su salida del dial el próximo 15 de noviembre, tienen hoy un problema mucho más gordo en qué pensar, como es la probable pérdida del carácter de universalidad de Internet, ante un supuesto rompimiento de varias naciones, encabezadas por China, Brasil e India, con Estados Unidos, que tiene el dominio sobre la administración de la red.
Si algo bueno tiene Internet (porque de malo tiene bastante) es posibilitar a los usuarios el acceso inmediato a un océano de información plural e inmediata, así como la comunicación entre cientos, miles, millones de personas alrededor del mundo, donde la única barrera, el idioma, poco a poco tiende a desaparecer con el avance, por ejemplo, de traductores, que aunque hoy imperfectos producen resultados
divertidos.
No hablaré de los orígenes de Internet en los años sesenta, ni de su posterior desarrollo, ni de los códigos no-se-qué, o los protocolos sí-se-qué, bla bla bla, porque no soy experto en eso (ni en nada), pero lo que sí quiero es alertar a tanto desocupado
cibernauta de que nuestro paraíso virtual podría dejar de ser lo que es hoy, dependiendo de cómo se resuelva el
rifirafe de poder entre un bloque de países y el gobierno Bush, que como es de esperarse, busca mantener la hegemonía norteamericana sobre la red de redes que nació en norteamérica y se concentra hoy en el área tecnológica de Silicon Valley.
Que mamera que los políticos metan sus narices en todo lo que tiene que ver con poder, pero lo peor es que al hacerlo, pongan en peligro logros científicos, técnicos y culturales, antes que impulsarlos. Hasta cuando tendrán ellos el manejo de nuestra voluntad en un mundo que tiene en sus manos medios suficientes para brindar mejores oportunidades y mayor calidad de vida a todos, pero que es dominado por los egoísmos de quienes tienen como meta acumular dinero y poder.
Cuantas misiones costosas a planetas lejanos, al fondo del mar o al centro de la tierra, cuanto dinero invertido en investigaciones inocuas, cuanta energía desaprovechada en desarrollar empresas titánicas que acaben con el medio ambiente y con el hombre y cuantas guerras alimentando la industria militar, cuando hay gente muriendo de física hambre o por falta de una droga que se consigue en la esquina.
El modelo del Estado-nación que se incubó en Grecia y que cuajó solo a partir de la Revolución Francesa, está perdiendo terreno aceleradamente frente al Estado-región; pero ambos tienen su punto de quiebre en la globalización. Con el nacimiento del Estado-nación se unificó la ciudadanía de los habitantes de cada país y se dejó de pertenecer solo a una ciudad o población.
El derrumbe de las fronteras entre las naciones a partir de la revolución de los medios de comunicación, permitió la consolidación de grandes regiones que ya hoy se organizan política y económicamente bajo un solo estandarte. El término
ciudadano del mundo adquirió carácter de aforismo desde la aparición del
espacio público internacional que es Internet, un bien universal que nos pertenece a todos y a nadie.
Tenemos entonces el derecho y la obligación de reclamar por su conservación y mejoramiento a futuro. Para ello, es preciso entender la globalización como una megatendencia integral, no referida exclusivamente a las Corporaciones. Internet sería hoy una verdadera oportunidad para que los ciudadanos del mundo pudieramos emanciparnos de esta sociedad erróneamente pre-inventada, abandonando en masa el rebaño tribal consumista y rompiendo las cadenas del tiempo y la competitividad, verdaderos lastres del hombre de hoy. Sería placentero y natural dirigir nuestra acción hacia el reencuentro del hombre con el hombre y con la naturaleza.
Por todo lo anterior, Internet es un bien universal y los ciudadanos del mundo tenemos derecho a reclamar por su futuro, dentro de una causa basada en tres principios:
libertad, igualdad y fraternidad, los mismos que inspiraon hace más de dos siglos la Revolución Franesa. Ya lo dijo Vico, “la historia es redonda”.
Adenda: A propósito de las palabras mágicas
Liberté, Equalité, Fraternité, los hechos de violencia presentados en París por éstos días, son solo una punta del iceberg, en un mundo intolerante que no logrará la paz mientras sus sociedades insistan en sistemas estúpidos, basados en la segregación o la exclusión, como el capitalismo, el comunismo o el fascismo. ¿No Habra quien tenga una mejor formulita?
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Carta apócrifa de Álvaro Castaño Castillo a la opinión**
Internet se podría desintegrar por rebelión contra el dominio de E.U.Expertos señalan que en 10 años desaparecerá InternetIlustración: La Libertad guiando al pueblo (a las afueras de París) - por Eugène Delacroix