Con su música a otra parte*El anuncio de que la HJCK desaparecerá del dial ha generado tal alboroto, que la inmensa minoría parece ser muy numerosa. Comentarios, editoriales y blogs han llovido por doquier, rechazando la noticia. Todo mundo habla con gran pesar de la desaparición de la emisora de los Castaño-Valencia; unos se apoyan en su nostalgia por lo que significó escucharla en su infancia o en su juventud, admitiendo unos pocos que ya no lo hacen. Otros temen la muerte o detrimento de la cultura con sus nefastas consecuencias sociales. Hay quienes solicitan los oficios de un mecenas que salve la emisora. Los menos adeptos hasta se complacen con su supuesto cierre. Reacciones variadas y dignas de análisis, por lo que me ocuparé aquí de presentar una opinión personal, sobre la base de dos aspectos diferentes, pero íntimamente relacionados: el tecnológico y el cultural.
Lo primero que quiero agregar a la discusión es mi apreciación de que tecnológicamente la emisora no se muere por pasar a Internet y por el contrario, se potencializa y se prepara para un futuro que está a la vuelta de la esquina. Vivimos en un mundo que viene cambiando átomos por
bits a pasos agigantados. Es grande el número de personas que ha abandonado la radio y probablemente otros muchos seguirán dejando paulatinamente los medios de comunicación tradicionales, ante la aparición de medios alternativos y personalizados.
En materia de música, la revolución callada del MP3 es un fenómeno aún sin escudriñar, pero basta dar un vistazo a cualquier magazín tecnológico para entender que la música está
iPodizada y que en breve los formatos actuales quedarán tan vetustos como lo son hoy los discos de 78 r.p.m.
Las ondas hertzianas no escapan a esta carrera tecnológica, donde la red de redes es ya la reina. Los cables son un estorbo que la comunicación
bluetooth y otras tecnologías abolirán prontamente. Con la digitalización de los equipos y la comunicación celular multimedia fue posible integrar a distancia todos los avances electrónicos en pequeños receptores
multifuncionales. Con Internet las distancias se acabaron y la comunicación mediática se hace en línea a nivel mundial. El Tiempo.com, la página colombiana más visitada en el mundo, no tendría tal audiencia de no ser por el ciberespacio. Internet es además un
maravilloso nicho de expresión libre y pública, y ojalá lo siga siendo por mucho tiempo. Tan claro como que jamás se me hubiese pasado por la mente escribirle periódicamente una carta a quienes me leen hoy, mucho menos llamarles por teléfono para contarles lo que pienso. Así las cosas ¿hay algún problema con que la HJCK migre a Internet? Considero que es un paso visionario.
La otra cara de la discusión la constituye el tema de la cultura. Primero que todo, preguntémonos ¿de cual cultura hablamos? En un mundo cada día más globalizado ¿podremos hablar de emisoras o revistas culturales? La cultura es la suma de factores que caracterizan particularmente una sociedad y no podemos caer en el error de confundir cultura con música culta. La misma HJCK ha venido sufriendo un proceso de apertura (bastante criticado) hacia nuevos sonidos musicales, que a la postre le ha dado un segundo aire más contemporáneo. Es que toda música es cultura, lo decisivo son los parámetros de calidad que se tengan.
Asumiendo que la HJCK no desaparece, sino que se transforma, ésa inmensa minoría entre la que se cuenta este servidor (porque como dice la señora de La Luciérnaga,
“los escucho de toda una vida”) debiera ser conciente de que, por amena que nos resulte su programación, ello no nos convierte en exclusivos amos del universo cultural. El mundo es mucho más grande y siento que hacia allá van los cambios que inició la segunda generación de la emisora. De cualquier manera, ¡viva la música clásica!
* Conste que fue primero este artículo que el de
Cambio.
Ilustración: Apple iPod, 5a generación.