sábado, julio 24, 2004

La casa en el aire


El verdadero interés social referido a la vivienda es favorecer y apoyar al segmento más necesitado de la población en la solución de un techo digno. Nada personal, es solo la constitución.

Por paradójico que parezca, la alianza entre la administración Uribe y la banca nacional para elevar las tasas de interés a los créditos de vivienda social (con un tope máximo del 11% anual establecido por la Corte Constitucional) tiene su lógica. Y es que en tan solo veintidós meses, el gobierno ha desarticulado con una asombrosa facilidad los pocos logros que en diez años lograran el Ministerio de Desarrollo Económico y el Inurbe, conseguidos pese a una ambigua y cambiante normativa.

Durante la última década, los gobiernos han direccionado su política de vivienda hacia objetivos como la generación de empleo, la destinación específica de partidas parlamentarias (auxilios disfrazados), el apoyo al sector de la construcción, la reactivación económica o la inyección de recursos al sector financiero, buscando en los planes de vivienda resultados colaterales, pero no con el interés de solucionar el gran déficit en esta materia para las familias más pobres, sino en cumplimiento de metas macroeconómicas.

Para la muestra un botón: ante la crisis del 98, el gobierno Pastrana decidió tenderle una mano al sector financiero que afrontaba entonces serios problemas y so pretexto de afianzar la cultura del ahorro, obligó desde entonces a los postulantes al subsidio a consignar en las llamadas cuentas de ahorro programado, por un término mínimo de seis meses, el dinero de que dispusieran para poder optar al beneficio.

La platica entró y cumplió su cometido, pero en su inmensa mayoría las familias que lograron obtener el subsidio terminaron por perderlo ante la negativa de las entidades a otorgarles un crédito, aún con garantía hipotecaria. En otras palabras, la banca les puso conejo a los miles de ahorradores necesitados que con su dinero favorecieron al sector.

La vivienda de interés social para los estratos 1 y 2 es un producto tan importante y sensible como poco rentable, por lo cual la solución dentro de una verdadera política de Estado, sería mantenerla al margen del mercado inmobiliario, como sucede en España, en Cuba y en otros paises. Desde luego, ello implicaría que los recursos financieros no se obtuvieran vía mercado de capital, sino que fueran aportados por las familias como ahorro, y por el gobierno, que en vez de regalar la plata en forma de subsidios inaplicables, financiaría y supervisaría directamente o a través de un sistema de economía solidaria bien controlado, la ejecución de sus recursos en un gran fondo rotatorio. El verdadero interés social referido a la vivienda es favorecer y apoyar a este segmento necesitado de la población en la solución de un techo digno. Nada personal, es solo la Constitución.

Artículo publicado originalmente en El Tiempo / Vivienda Agosto de 2004
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domingo, julio 18, 2004

Menos mal se murió Lady Di


Aburrido de temas sórdidos y complejos como la guerra, la crisis económica y la corrupción, el gran público reclama un espacio para soñar, para vivir un mundo distinto, donde las historias de príncipes sean posibles y, en pleno siglo XXI, la monarquía genera un ambiente perfecto para el devenir de esos sueños. Prueba irrefutable de ello es la interminable novela de Lady Di, que un lustro después de la muerte de su protagonista, aún sigue vendiéndose. En el fondo, los cuentos de hadas son un tipo de narcótico social necesario, como lo son los reinados de belleza, el fútbol, los realities y los chismes de la farándula. Ante esta realidad los comunicadores sociales suministran gustosos la droga de tan alta demanda y consumo.

Lo que resulta absurdo es que esta dosis se suministre dentro de noticieros de televisión que han claudicado ante la banalidad sin límite que representa la noticia de farándula. El periodismo está dando paso al chisme y la tendencia actual es la de crear secciones “light” en las que se cuenten intimidades de los famosos y comentarios de pasillo sobre la actualidad política, todo con el facilismo que supone este peculiar esquema.

Detesto estas secciones tanto como la inclusión de publicidad velada o directa dentro de espacios no comerciales. ¿Hasta cuando los televidentes tendremos que aguantar las tales “noticias patrocinadas” que nos asaltan en medio de cualquier espacio noticioso o las interminables demostraciones de una faja mágica que hace perder 20 kilos en tres días y que irrumpen en cualquier canal sin previo aviso? Basta hacer un recorrido el sábado en la mañana por todos los canales, locales o satelitales, para conocer el spam en la televisión.

Columna publicada originalmente en junio 01 de 2004
Gracias por su opinión.