En pleno Siglo XXI ya va siendo hora de colgar el capote; resulta patológico incluir la crueldad como parte del divertimento.FERIA DE CALI, FERIA DE MANIZALEZ Y DEMÁS SANGRÍAS...
Dentro del marco del Forum Barcelona 2004 se llevó a cabo hace poco en esa ciudad una jornada de protesta contra la tauromaquia, que encarna de manera singular las prácticas crueles contra animales. Consiste ella en el arte de hacer sufrir principalmente al toro, pero de paso al caballo, a algunos espectadores y en ocasiones al torero o a los miembros de su cuadrilla, con la salvedad de que los humanos, contado el público, asisten al espectáculo por su propia voluntad. Me atrevo a asegurar que toros y caballos, de poder hacerlo, rechazarían la invitación a la corrida.
Como era natural, los colombianos pasamos de agache por aquella fecha, ratificando nuestra alta vocación para la violencia. Pienso que si no nos conmueve el río de sangre humana que vemos correr a diario, menos nos ocuparemos de impedir el sufrimiento de unos “simples animales” o de preservar integralmente el medio ambiente, del que hacemos parte.
Pero tomemos al toro por los cuernos. Si por el hecho de no ser aficionados al toreo no nos aterran el sufrimiento y la muerte cruel que produce esta brutal versión contemporánea del circo romano, estamos aceptando tácitamente la razón de ser de la violencia humana y cerrando los ojos ante una realidad que está en la plaza, aunque no asistamos.
En pleno siglo XXI, ya va siendo hora de colgar el capote; resulta patológico incluir la crueldad como parte del divertimento. Con el debido respeto, expresemos abiertamente nuestro desagrado a los aficionados a la fiesta brava, quienes patrocinan esta innecesaria forma de tortura irracional. Se debe ejercer presión social sobre ellos, como se viene haciendo contra el tabaquismo o la caza deportiva, con el perdón de los fumadores y cazadores lectores de esta columna. Ignoro cuantos de ellos gustan del mundo del toro, pero a ellos va dirigido mi mensaje central: Se dice que cada quien opina según como le va en la corrida.
Pónganse los cachos y verán que no es tan chévere ser el toro. Si pudimos acabar la pólvora, prohibir las corridas será posible.
