lunes, agosto 01, 2011

Reivindicando a Trosky Mamerto Vieira [Morales]


Ilustración: Raquel Cornejo

Me resulta pueril y desproporcionada la reacción del periodista Antonio Morales, ex amigo en Facebook, quien en un arrebato de paranoia, que en el fondo entiendo y acepto, arremetió contra mí en mensajes públicos y privados, en unos términos como pocos imaginarían de propiedad de un ganador del premio Simón Bolívar y otras muchas distinciones profesionales, por cierto muy merecidas.

He querido referirme hoy a esa anécdota enterrada en el pasado, al ver que Antonio ha bebido de su propia medicina, tras las reacciones a un artículo satírico que escribiera para la revista digital Kien&Ke, por interpuesta persona del doctor Godofredo Cínico Caspa, personaje de su creación, magistralmente estelarizado por el inigualable humorista Jaime Garzón en el noticiero Quac, y que en alguna medida fue la causa de su asesinato.

Muchos de quienes buscamos difundir algún mensaje o compartir nuestro pensamiento crítico, en ocasiones a través del humor, optamos por crear nuestras propias fantasías y nuestros propios avatares. Así nació don Títere Sin Cabeza, por allá en abril de 2005, bajo el seudónimo de Sentido Común, que utilicé desde 2003, básicamente a raíz de anónimas y agresivas amenazas recibidas desde que comencé a escribir el blog de crítica al régimen de Alvaro Uribe, Blogotá, D.C.

Son muchos los personajes que poco a poco fueron integrando la nómina, primero del consulado, y posteriormente de la embajada de Colombia en Moldavia, salidos todos del diario trasegar de la política nacional y de sus hechos más relevantes. Llegaron así Vanessa Pretelt, Adrianne Foglia, el profesor Alejandro Martí, la teniente Jessica Lynch y muchos otros, quienes llenaron prontamente las vacantes más insólitas, como aquella de Jefe de Prensa y Directora de difusión de la cultura Nukak Maku en Moldavia, ocupada meritoriamente por la ex señora del actual ilustre presidente del BID, Luís Alberto Moreno.

El auge de Facebook frente al retroceso de los blogs obligó a don Títere a hacer presencia en esta red social, para posteriormente dejar volar sus trinos en Twitter, donde comienza a ser conocido con el alias de @tuitersincabeza. En Facebook, aparte del TSC Fun Club del embajador, prontamente abrieron perfil el propio don Títere, su señora Dolores, el mensajero de la embajada, que es un tal cual, y un personaje algo áspero y radical, quien representa con cariño y humor a ese ‘mamerto’ que muchos llevamos dentro; se trata del compañero camarada Trosky Mamerto Vieira Morales.

El origen de la disputa con Antonio Morales en su muro de Facebook se fundó en algunos comentarios alusivos a unas botas de caucho, prenda muy familiar para Trosky, el joven miembro de las juventudes comunistas, y redactor de Voz. Para Antonio resultó imposible superar la presencia ficticia de un personaje tan ideológicamente cercano a él, tanto que luego del roce se hizo evidente que el segundo apellido de Trosky es Morales; igual le quedó imposible entender que Trosky Mamerto Vieira Morales no planeaba ninguna emboscada personal, y mucho menos poner en riesgo su integridad, sino controvertir un enunciado de Morales, algo que al parecer no acepta el periodista.

La reacción inmediata de Antonio consistió en agredirme verbalmente, en público y en privado, asegurando que me encubría en los personajes para causarle daño, por lo que decidí retirarme de su lista de ‘amigos’, dándome cuenta que antes que yo, Antonio ya me había incluso bloqueado, tal vez pensando en su ‘seguridad personal’. Días atrás, ante su curiosidad, le había explicado de qué se trataba la parodia de Títere Sin Cabeza, y cómo sus personajes encarnan distintas facetas del colombiano. Pero esto poco sirvió a la hora en que Antonio perdió el control de su mente, y se sintió atacado. Decidí dejar así…

Hoy, ante la situación generada por su personaje, el doctor Godofredo Cínico Caspa, Antonio Morales se ha visto obligado a escribir una nota aclaratoria a los lectores de Kien&Ke que recibieron mal los comentarios de Godofredo, la verdad bastante salidos de tono, con ocasión del fallecimiento del Joe Arroyo en Barranquilla. Es que hacer humor ante situaciones dolorosas, con los hechos aún en caliente, muchas veces no es lo más recomendado. Además de que el humor de Antonio no es tan claro como para hacer reír sin ofender. Hacer un chiste sobre el muerto en pleno funeral es algo que pocos logran sin quedar mal. Y personalmente prefiero el periodista serio que hay en Antonio, a sus escritos humorísticos del doctor Cínico. Con base en sus libretos, el humor lo ponía Garzón, y nos hacía llorar de la risa. La verdad, lo que he leído del nuevo Cínico Caspa me da un poco de ganas de llorar, pero no propiamente de risa.

Ojalá que las aclaraciones de Antonio Morales a través de Godofredo resulten satisfactorias para quienes se sintieron ofendidos por él, y que estos lectores entiendan que también es preciso hacer la diferenciación entre el personaje ficticio y el hombre de carne y hueso. Hamlet no es Shakespeare, como Chespirito no es El Chavo. Deseable también que en su momento Morales hubiese sabido hacer la diferenciación, y más que nada, hubiese respetado el concepto de Trosky Mamerto, y no caído en la tentación de calificarlo de terrorista o sicario moral. Habría entendido que Trosky Mamerto es una entidad casi independiente de la de su creador, yo. Y posiblemente me habría tratado con respeto, el mismo que siento yo por él.


lunes, diciembre 13, 2010

Vida de perros



Una de las facetas más tristes y menos reconocidas del maltrato animal es el comercio con las denominadas mascotas, y dentro de este perverso mercado, el perro (el mejor amigo del hombre) es una de las más 'apetecidas' por la voraz sociedad que se aleja cada vez más de nuestra propia condición animal y biológica, y se sumerge en el consumismo irracional de lo que sea.


Las firmas COMCEL y LG han lanzado una campaña publicitaria para promocionar la venta de algunos de sus equipos y planes de comunicación celular. Para ello se valen del gusto por los perros, especialmente el de los niños menores, y publicitan actualmente la rifa de 200 cachorros 'de raza famosa' entre los compradores de sus productos.


¿Se habrán preguntado los 'genios creativos' de esta campaña de dónde saldrá el premio ofrecido, y cual será el final de buena parte de los cachorritos que en suerte le correspondan a 200 felices ganadores?


Para entender un poco la problemática generada por la comercialización en masa de mascotas domésticas, viene como anillo al dedo la Primera Parte del documental EARTHLINGS (Terrícolas), que trata precisamente sobre el cruel mundo que rodea la cría, venta y mantenimiento de mascotas en pleno siglo XXI.




BOICOT A COMCEL Y LG: UNA FORMA DE PROSCRIBIR EL ESPECISMO


Vale la pena reflexionar sobre el papel de la publicidad, así como la acción de grandes empresas que, a pesar de que en sus respectivos discursos corporativos incluyen valores ambientalistas y promesas para conservar la vida y el medio ambiente, en la práctica hacen todo lo contrario, como sucede con COMCEL y LG, que repiten el error cometido por muchos padres de familia que en nuestra infancia tuvieron la genial idea de regalar pollitos en la fiestas infantiles. Ya todos sabemos la suerte corrida por estas tiernas aves.


Apoyemos el boicot a COMCEL y LG como prueba de rechazo a su lesiva acción frente a la vida, negándonos a comprar sus productos y divulgando esta información.


miércoles, septiembre 22, 2010

La vida no es una pertenencia

"Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor." - Antoine De Saint Exupery.

Boris fue el primer hámster de mis hijos. Una criatura muy inteligente y tierna, como lo son todos los de su especie. Su vida, pero especialmente su muerte, marcó a los niños de una manera significativa. Con Boris sintieron ellos el valor de la responsabilidad hacia los demás, la satisfacción de transmitir cariño a quienes dependen de nosotros, y finalmente, el dolor de la partida de un ser querido. Recuerdo que le hicimos entierro con palabras de agradecimiento de mis hijos, por los buenos ratos que vivieron a su lado.

Señora Emma llegó para llenar el vacó de Boris, y con ella una segunda lección de vida, como es que un ser querido es irremplazable, y cada nuevo ser que se conoce es una entidad especial e irrepetible. A la muerte de Señora Emma, mis hijos habían decidido no tener más hamsters, y en cambio había llegado a nuestras vidas Avril, una cachorrita de Labrador, que hoy es un miembro de familia, como cualquiera de nosotros.

Ahora bien, en medio de su proceso de maduración, mis hijos han llegado a la sabia conclusión de que la de “mascota” no es la mejor figura para relacionarse con los demás animales, por cuanto implica un sentido de propiedad o pertenencia, carácter ajeno a las relaciones afectivas.

Me motiva escribir estas líneas una triste noticia sobre la muerte de un hámster en un horno microondas, por parte de quien creyó ser su dueño, y dueño de su vida. Mirando un poco en la red, encuentro que esta atrocidad es más corriente de lo que pensaba. Pues sea este el motivo para plantear en esta red social la necesidad que tenemos de darle verdadero valor a la vida, a todas las vidas, frente a la deformación social que supone la tenencia de mascotas, una forma más de maltrato animal con ánimo de lucro. Transmitamos amor a los niños, proscribiendo con ellos la tenencia de animales como mascotas. Su comercio favorece el maltrato animal y la degradación de muchas especies como seres vivos. La libertad debe ser un principio universal aplicable a todo ser vivo. Las jaulas, por amplias o lujosas que sean, siempre serán prisiones.

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jueves, agosto 26, 2010

Subdesarrollo y tauromaquia

Si la educación privilegiada que han recibido las élites conlleva a su participación en actos tan arcaicos como la fervorosa asistencia a corridas de toros, y a la justificación de la tauromaquia en la herencia cultural y el arte, existe un grave error de fondo en esa educación impartida, por cuanto, a todas luces, el toreo es un espectáculo que atenta contra la vida y la salud mental de los ciudadanos.

Con gran expectativa por parte de taurinos y anti-taurinos, se debate por estos días en la Corte Constitucional una demanda presentada por ambientalistas y movimientos protectores de animales contra la práctica en Colombia de espectáculos públicos que acarreen padecimientos físicos para cualquier animal. Dado el reciente revés que sufrió el mundo de la tauromaquia con la prohibición autónoma en Cataluña a la presentación de corridas de toros dentro de su territorio a partir de 2012, los taurinos criollos prendieron en días pasados sus alarmas y desplegaron toda la artillería del caso, enviando adelante a dos picadores de a caballo, Antonio Caballero y Alfredo Molano, reconocidos taurófilos, quienes con sus respectivas varas han tratado de justificar en pleno Siglo XXI, un atroz espectáculo de sangre y tortura, digno del medioevo. La admiración por sus respectivos trabajos periodísticos decae en buena parte, ante esta posición tomada contra natura por tan prestigiosos analistas de la realidad colombiana.


Tomemos un aparte de las declaraciones de Caballero en una entrevista concedida a PuntoColombia sobre varios temas, para demostrar cómo el subdesarrollo y la tauromaquia están claramente ligadas a una élite decadente, dominante desde la colonia; veremos de este modo cómo 'las palabras se devuelven'.

Según nos dice Antonio Caballero, "la razón fundamental (del subdesarrollo) es el saqueo por parte de quienes han sido los dueños y los gobernantes de Colombia...en colaboración...primero, obviamente con la corona española, en la época en que este país fue colonia de España...luego de...la Gran Bretaña, un poco Francia y luego...de los Estados Unidos..."

El subdesarrollo y la tauromaquia tienen entonces la misma tradición centenaria, salvo que si la dependencia política de nuestro país cambió de España a Gran Bretaña, a Francia y finalmente a Estados Unidos, pues así como se desterró la Inquisición, debimos haber dejado atrás otros vicios como el de encerrar toros bravos para torturarlos y asesinarlos en público, derivando de ello diversión, entretenimiento y finalmente un buen negocio.

Prosigue Caballero: "Lo que importa en este país, y no ha existido nunca, es una educación...de la población. Ha existido cierta educación para las élites intelectuales y económicas...la educación ha sido considerada un lujo, y reservada a unas minorías privilegiadas. La razón fundamental es la falta de educación, que ha sido considerada como un privilegio, cuando la educación es una necesidad absoluta para la inteligencia, como es la alimentación para los organismos."

Si la educación privilegiada que han recibido las élites conlleva a su participación en actos tan arcaicos como la fervorosa asistencia a corridas de toros, y a la justificación de la tauromaquia en la herencia cultural y el arte, existe un grave error de fondo en esa educación impartida, por cuanto, a todas luces, el toreo es un espectáculo que atenta contra la vida y la salud mental de los ciudadanos.

Entrados en el debate, ciertos intelectuales claman hoy por la sustitución del verbo abolir, a cambio de otros menos 'duros', como persuadir. Hubiese sido inocuo terminar con la esclavitud, si se hubiese optado por la persuasión a cambio de la abolición. Aún así, hoy persisten formas de esclavitud en nuestras sociedades.

Ahora bien, si prohibir las corridas de toros se tratara, como pretenden Caballero y Molano, de un acto de intolerancia hacia las minorías culturales, la prohibición de aserrar cuerpos vivos y jugar fútbol con sus cabezas debería ser socialmente tolerada, como expresión de una minoría cultural. Pero la realidad social es que la vida en primera instancia se protege a ultranza, y no a través de acciones meramente pedagógicas. De ahí que no matar no es una insinuación, sino una regla de oro que conlleva la explícita prohibición de hacerlo. Algún día, ojalá pronto, habrá consenso en que vida no es la humana, sino la de todos los seres y organismos que comparten el planeta con nosotros.

Buena dosis de responsabilidad social cargamos las 'minorías privilegiadas' que tuvimos acceso a los mejores colegios y a las mejores universidades. Una acción importante, señores Caballero y Molano, es desmontar las causas del subdesarrollo. Y una fundamental, inculcar en las generaciones futuras el respeto a la vida y al planeta. No somos su amo.

viernes, agosto 13, 2010

¿Matamos a Belisario?



Debemos admitir que Belisario no murió ayer. Belisario nació muerto.

Bogotá, agosto 13 de 2010. Tan lúgubre como fueron sus 25 años de sufrimiento, primero ‘trabajando’ en un circo y luego ‘viviendo’ en dos zoológicos, resultó el momento en que le aplicaron la eutanasia a Belisario, un viejo león ‘propiedad’ del zoológico Santacruz, situado a unos 20 kilómetros de Bogotá, por la vía a Mesitas del Colegio. Belisario padeció durante siempre enfermedades de todo tipo, producto del trato dado por los humanos, las que se acrecentaron en los últimos meses e hicieron de la criatura un espécimen poco atractivo para el negocio.

Hoy los medios de comunicación que cubren tristemente la noticia, se refieren al zoológico de Santacruz como una institución científica y ética. No dudo que en ella trabajen personas que profesen alguna simpatía y hasta cariño por los animales, ni más faltaba que no fuera así, pero la realidad de este, como de la gran mayoría de zoológicos es otra bien distinta.

Conocí el sitio hace muchos años, más por casualidad que por interés, y pude constatar las condiciones nada naturales, poco higiénicas, y de escases y baja calidad espacial en que mantienen cautivos a los animales, que son la razón de ser del zoológico, pues producen los ingresos económicos para mantener el negocio de exhibir animales enjaulados. Hay zoológicos como este, pequeños y modestos, y hay grandes y famosos zoológicos, pero en esencia todos son lo mismo: una cárcel creada por la especie humana, para mantener prisioneros a distintos especímenes de otras especies, con los cuales lucrarse económicamente, so pretexto de un interés científico.

Posiblemente algún día entendamos la necesidad y el beneficio de convivir en armonía con el planeta y de trabajar por su sustentabilidad, pero entre tanto serán muchas las especies que sufrirán por culpa de nuestro atraso espiritual, ese que tanto daño, sufrimiento y hasta su extinción causa a los demás animales.

Por lo pronto ya se anuncia la llegada del reemplazo de Belisario. Procedente de Cali, donde “carecía de suficiente espacio”, llegará en las próximas horas Cachorro, un joven león de año y medio, nacido en cautiverio y que lamentablemente repetirá el ciclo de Belisario. A menos que Cachorro sea liberado.

miércoles, marzo 10, 2010

Diagnosis de una movilidad cavernaria



Vivir en Bogotá implica sufrir a diario las consecuencias de uno de los más caóticos sistemas de transporte del mundo, lo que aunado a la falta de disciplina ciudadana y a la agresividad de gran parte de los conductores particulares, da como resultado una ciudad peligrosa y poco amigable. Basta hacer un recorrido de cincuenta cuadras a bordo de una buseta o un bus bogotanos, para entender la magnitud del problema.

El sitio menos indicado para subir a un bus es cualquiera de los paraderos dispuestos a lo largo de las principales vías, ante el riesgo de que allí se forme una aglomeración de gente, o lo que es peor, una fila, a las que son alérgicos la mayoría de los bogotanos. Como los buses también tendrían que guardar un orden de llegada si se detuvieran exclusivamente en los paraderos, sus choferes prefieren cazar pasajeros donde buenamente los vayan encontrando, como igual, arrojarlos donde mejor les convenga, poniendo algunas veces a prueba la pericia para llegar con vida al andén, de quienes admiten ser dejados en los carriles interiores de la vía.

Una vez abordado exitosamente el automotor, la emoción va en crescendo, incluso si es hora pico, posiblemente por algunas cuadras seamos parte de un racimo humano. Es el momento de sacar nuestro billete de 20 o 50 mil pesos, para pagar los $1.300 del pasaje, pero cuidemos de no “dar papaya” a un raponero para que se alce con nuestra billetera, cartera, aretes, reloj, pulsera, collar, pirsin y demás cacharros que usa la gente en este tiempo.

Las vueltas (el cambio) podrán venir con billete falso o con insulto justificado de parte del conductor, quien como retaliación, intentará llenarnos de moneditas de $50. El viejo truco de demorar las vueltas muchas veces resulta en perdón y olvido, y entonces, como decía el expresidente Uribe, esa platica se perdió. Adentro es posible que nos toque hacer parte de una cadena humana, para transportar dinero procedente de pasajeros que abordan la nave por la puerta trasera, y es entonces cuando se pone a prueba la honradez ciudadana. Pero ojo, que mientras el metálico circula, es posible que su celular con minutos haya cambiado de plan… y de dueño.

El Imperio de los Sentidos

Como no es Transmilenio, usted en realidad se ha subido a una caja de Pandora, en la que sus sentidos experimentarán toda suerte de sensaciones, comenzando por el olor a tapicería de pana color rojo ennegrecido, lavada por última vez en 1998, con agrieritas de bebé de 2001 y vómito de borrachito de 2008. Por fortuna para quienes les molestan estos dos aromas, un restante potpurrí de fragancias ahogará, entre chucha y pecueca, cualquier desagrado por los primeros. De cualquier forma, es recomendable llevar su buen tapabocas y una bolsa a mano, por si acaso.

Le sigue el impacto visual del decorado kitsch, arraigado en el arte pop zonal, que ya desde el exterior se insinuaba en el ilegible cartel de la ruta. De hecho no son estos avisos lo que se acostumbra mirar, sino los colores institucionales de la EPS, o empresa prestadora del respectivo servicio, y algún tipo de carrocería característico de la ruta.


Si el exterior es medianamente tipológico, su lenguaje plástico interior le imprime a cada vehículo un carácter propio, personalizado, donde la cabina es lo más singular. En la del que abordamos en esta crónica, la bombillería a granel (sin estar en navidad) enmarca los sobrios acabados cromados, los tapices de arabesco y los cojines de leopardo con el rótulo Panamá, cuya asociación no se explica fácilmente. Cajitas de madera sobre bayetilla roja raída suavizan los pespuntes de la acolchada tapicería que cubre el motor, impidiendo que los gases tóxicos afecten en demasía a la tripulación. En esta ocasión el espíritu coleccionista del conductor salta a la vista, con bellos modelitos a escala y el juego completo de estampitas religiosas compradas en Chiquinquirá. El detalle que remata magníficamente la armoniosa decoración es el escarabajo con visos fosforescentes, recubierto en plástico transparente, que corona la barra de cambios. Si miramos al piso, una cabeza plástica de la muñeca Janeth nos hace distintos gestos, dependiendo la marcha en la que se desplaza el vehículo.

Pero si “sus vistas” tienen motivo para explorar y deleitarse, la tortura sobre sus oídos no cesará en esta aventura urbana sin par. Vallenato, reguetón, Heavy Metal y mucha plancha solo dejarán de sonar si la ruta va equipada con un par de televisores plasma en los que siempre estará sintonizado un pregrabado de Pirry despotricando de los pobres Tom & Jerry, o la Gurissati hablando contra el pobre Chávez. Al fin y al cabo estamos entre pobres.

Quizás el sentido mayormente afectado sea el del tacto. El roce social y el toque-toque son la máxima característica del transporte masivo. Algunos machos experimentan la adivinación con las manos, aunque lo pueden proyectar a otra parte de su anatomía, sin problema. Precisamente es el tacto en el resto de su cuerpo el que muchas hembras experimentan a bordo, con repulsión muchas veces, quien sabe si con abnegación otras.

Al mirar a nuestro alrededor es posible observar cómo muchos garosos pasajeros van ejercitando su sentido del gusto. Chitos, Charms, besitos, papas fritas, yuquitas, uvas chéveres o gomitas ácidas en forma de gusano son apenas unos de los nutrientes alimentos cuya venta y consumo al interior del aparato incitan al placer de degustar cualquier porquería que se ocurra. Algunas personas menos afectas a la comida chatarra llevan entre su equipaje de mano una doradita presa de pollo o un sanguche de muchacho preparado con esmero por la mamá. Activada la gurbia, y en recorridos como Bosa-Lucerito o La Gaitana-Claret, el refrigerio cubre una necesidad básica insatisfecha.

La interacción socioeconómica se da cita en cada recorrido y con elevada frecuencia. En nuestro recorrido de cincuenta cuadras es posible que presenciemos dos actos culturales, tres apéndices de televentas y un caso impresionante de emergencia social doméstica no cubierto por el POS, factor hoy en aumento. Desde raspa y armónica, hasta arpa y capachos, circulará por los estrechos corredores toda una orquesta sinfónica, en busca de un aplauso y de las moneditas de 50 con que llenó nuestros bolsillos el maquinista. Perfumes, chanclas y lápices flexibles, además de los caramelos antes descritos, reposarán en los cantos de quienes tiene asiento, mientras el vendedor narra su experiencia de vida, pide perdón por vender incomodando al respetable pasajero y agradece su amable atención. Mientras tanto en el exterior, y ayudados por el continuo trancón, hace presencia la amenazante competencia de vendedores de manzanas acarameladas, Bon Ice y hasta cañas de pescar de cinco metros.

Sin busetas...no hay paraíso


Análisis en caliente

Durante cuatro días consecutivos se llevó acabo con mucho éxito “Bogotá sin bus”, evento promocionado y protagonizado por las mafias del transporte urbano de la capital, que logró exacerbar los ánimos de muchas personas, con sobrada razón. La ciudad toda fue sometida a la voluntad de los transportadores, grandes, medianos y pequeños, a quienes en un comienzo quisieron sumarse sus pares, los taxistas, que insisten en presionar una amnistía de multas por la bicoca de 45.000 millones de pesos, dinero que adeudan a la ciudad por infracciones cometidas entre 1998 y 2006, y que hoy buscan recuperar las autoridades de Tránsito y de Hacienda. Pero eso es harina de otro costal.

La parálisis de una metrópoli de 8 millones de habitantes, donde se concentra una cuarta parte del P.I.B. nacional, no es un juego de niños, pues produce, además de la ira colectiva, enormes pérdidas económicas, que serán asumidas, como es natural, por nuestros propios bolsillos. A la parálisis obligada, súmensele los cuantiosos daños causados por un vandalismo agitado desde las tinieblas por quién sabe qué clase de personajes.

Más allá de las voces reaccionarias, simplistas, oportunistas y poco propositivas que se escucharon durante la absurda jornada, se hacen necesarias la reflexión y la cordura. Y para buscarlas, el primer paso es ir al meollo: ¿Quiénes son los promotores del paro?



El cartel del timón: un modelo insostenible

Habida cuenta del “sistema” de transporte brutal e indecoroso que hemos sufrido por tanto tiempo los bogotanos, amén de Transmilenio, la experiencia de movilizarse por una ciudad tan extensa como Bogotá, resulta absolutamente nefasta; esta es la consecuencia de una errónea estructura de operación del servicio, que igualmente incide de manera negativa en la actividad urbana, situando a Bogotá por debajo de Calcuta, en términos de calidad de vida. Este fenómeno tiene una larga y turbia historia, que resumimos a continuación.

La elección y reelección al Concejo de Bogotá por varios períodos consecutivos del zar de los buses, don Julio César Cortés (Sidauto S.A.) desde los años setenta, fue apenas una muestra del maridaje entre el poder público y un gremio mafioso que presionó y colaboró con la desaparición del tranvía, y que al término de los años ochenta se relamió con el cierre definitivo de la EDTU, Empresa Distrital de Transporte Urbano que operó el “trolley” y los alguna vez dignos Buses Distritales. Al término de funciones de la EDTU, estando todo servido para la retoma del control operativo del transporte por parte de la ciudad, el entonces Alcalde Andrés Pastrana desechó la conformación de la empresa de economía mixta que iría a operar las principales rutas con modernos equipos (incluso se alcanzó a adquirir algunos).

Enterrada la EDTU por Pastrana, el negocio quedó incondicionalmente al 100% para los privados, con los resultados que hoy saltan a la vista. Desde entonces ha corrido mucha agua bajo el puente y los lazos del transporte con las altas esferas de gobierno y la política se han ido consolidando.

La libertad y falta de control estatal sobre el volumen y condiciones del parque automotor del sector transportista (igual sucede con los taxis) generó con el tiempo una sobre oferta de vehículos de transporte público, muchos en pésimas condiciones mecánicas y de higiene, que congestionan las vías, polucionan con humo y ruido el medio ambiente, aumentan de manera significativa los tiempos de desplazamiento, disminuyen enormemente la productividad y competitividad de la ciudad, y atentan peligrosamente contra la salud pública.

Si desde finales del siglo XIX, hasta los años cincuenta las protestas contra el transporte urbano provenían de los usuarios en reclamo de un mejor servicio, resulta increíble que los paros y bloqueos se den hoy por cuenta de quienes prestan ese servicio, y de tan mala manera. Pero es que actualmente el transporte público e individual (taxis) está a cargo de una emergente y peculiar organización mafiosa, propietaria de los vehículos, que detenta el control del lucrativo negocio del transporte urbano de pasajeros, sin concederle a este un estatus de servicio público, y velando exclusivamente por sus propios intereses.

Esta mafia, propietaria de los vehículos destinados al transporte público e individual (taxis), que agrede a diario al ciudadano, ha amenazado la gobernabilidad de la ciudad en distintas ocasiones durante los últimos diez años, mediante el mecanismo de la coacción, poniendo en jaque a las autoridades con el bloqueo de las vías, la ausencia de transporte y el vandalismo callejero que intimida al ciudadano, en unas caóticas jornadas, a las cuales se suma peligrosamente el oportunismo destructivo de mucha gente anónima.

En los últimos años el poder político de los transportadores, convertidos en verdaderos caciques electorales, se ha visto acrecentado mediante el ascenso a cargos de elección popular de representantes directos del gremio transportador y de sus calanchines, gracias al paradójico voto de sus miles de empleados a destajo, y seguramente de sus allegados, quienes laboran sin seguridad social, característica propia del empleo de tipo informal que generan los empresarios del transporte, y que induce la famosa y permanente “guerra del centavo”.

La acción de sus elegidos genera iniciativas y produce hechos que favorecen los intereses particulares de los 14.000 propietarios del negocio, cifra que la revista Dinero calcula entre pequeños, medianos o grandes inversionistas, pero que al parecer es mayor. Como resultado de ello, su crecimiento patrimonial es hoy desmedido, en el marco de un negocio que mueve a diario enormes sumas de dinero. Con los cálculos más conservadores en términos de utilidad corriente de un negocio, cubiertos sus costos operativos, por cada vehículo que posea, un "Corleone" del transporte se echa al bolsillo entre 12 y 15 salarios mínimos mensuales, si no es más, en una operación donde la elusión de impuestos es alta, precisamente por el tipo de contratación laboral, el sistema de recaudo de los pasajes y la ausencia de un control fiscal efectivo.

Ya vamos viendo entonces por donde va el agua al molino. Si bien el problema no es que los empresarios del transporte tengan buenas utilidades, sí lo es el hecho de que estos mismos personajes, que ni siquiera generan una nómina formal con prestaciones legales, cancelando aportes parafiscales e impuestos de ley (como sí lo hacen tantos otros empresarios que ganan mucho menos) utilicen su poder de inmovilización e intimidación contra la economía y la ciudadanía en pleno, aprovechando cierta patente de corzo otorgada por algunos medios de comunicación, y el respaldo de la ignorancia ciudadana sobre la problemática del transporte y la movilidad. Se suma a ello un bajo grado de cultura política y ciudadana, como el demostrado por muchos bogotanos al momento de opinar sobre la materia o de cometer actos de vandalismo, durante el pasado paro.

Es fundamental dar una mirada crítica al tipo de transporte al que los bogotanos nos hemos venido acostumbrando, como nos acostumbramos a todo. El esquema impuesto desde los años cincuenta, de corte anticipadamente neoliberal, en que el particular entró a llenar el vacío de unas precarias políticas de movilidad urbana, y se apoderó de los corredores viales sin contraprestación alguna, es sencillamente desastroso e inconveniente para todos, pues dista mucho de tener la connotación de servicio público.


Sistema Integrado de Transporte Público, SITP

Ante este hecho, y consciente de la enorme dificultad que dentro del escenario antes descrito tendría Bogotá para la futura implementación del programa bandera de la actual Administración distrital, el Metro, la Secretaría de Movilidad se dio a la tarea de reorganizar estructuralmente el transporte de la ciudad, presentando el año pasado a la opinión pública un modelo de gestión y operación denominado Sistema Integrado de Transporte Público, SITP, el cual se ha venido explicando en detalle, y cuyos principales aspectos se resumen a continuación.


TIPS del SITP

1. La ciudad se dividirá en 13 zonas con rutas locales que cubran todos los sectores de estas.

2. Los paraderos serán de uso obligatorio para conductores y pasajeros.

3. El pasaje se pagará mediante una tarjeta inteligente y los conductores no recaudarán dinero.

4. La tarjeta se usará en toda la ciudad y en todos los sistemas, Metro, Transmilenio y buses.

5. Habrá integración tarifaria. Quienes hagan transbordos o utilicen más de un método para viajar, obtendrán un ahorro.

6. La Secretaría de Hacienda tendrá un estricto control sobre los verdaderos ingresos del negocio.

7. Se calcula la generación de 27.000 empleos formales para conductores, y muchos puestos de trabajo indirectos.

8. Con un salario fijo, horario racional y prestaciones de ley se terminará la “Guerra del Centavo”.

9. Un parque automotor moderno minimizará el impacto ambiental y aumentará la comodidad del usuario.

10. Los vehículos tendrán una vida útil de 12 años y a partir de 2010 su antigüedad no podrá ser mayor de 10 años.

11. Para controlar la sobre oferta, se reducirá la flota de aproximadamente 16.000 buses, a unos 12.000.

12. Igualmente se controlará y regulará el número de microbuses, “colectivos”, taxis y bici taxis.

13. En julio de 2010 se adjudicará mediante licitación pública la operación de las 13 zonas.

14. Se dará primera prioridad a los pequeños propietarios de buses y busetas.

15. La segunda prioridad será para las empresas de transporte colectivo.

16. Una tercera prioridad la tendrán los accionistas de Transmilenio.

17. Una mega sociedad manejará los intereses de todos los propietarios.

18. Los pequeños propietarios de buses y microbuses los entregarán a la mega sociedad a cambio de acciones.

19. Habrá una renta mensual fija mínima para los accionistas, independiente de si tienen salario.

20. El SIPT comenzará a funcionar parcialmente en marzo de 2011 y el cubrimiento pleno será en octubre del mismo año.

21. El servicio deberá representar una buena alternativa para los usuarios de vehículos particulares.

La reacción al cambio

El plan estratégico para poner en marcha el ambicioso SITP, una vez socializado con el gremio de transportadores y demás actores de la operación, fue expuesto a la opinión a mediados de 2009 y comenzó a funcionar tras la firma por parte del Alcalde del Decreto 309 de ese año, que le da vida a la reorganización del transporte público en la ciudad. La licitación, una de las mayores en el mundo en su género, está ya abierta y en discusión sus pliegos.

Precisamente esta licitación, que compromete enormes y variados intereses del sector privado, y especialmente los de los transportistas tradicionales de la ciudad, ha divido al gremio entre los que poseen acciones en el sistema Transmilenio, y los que se dicen pequeños y medianos transportadores. Estos últimos son los mismos que opusieron resistencia a la entrada de Transmilenio en sus Fases I y II, pero que ahora están interesados en unirse para entrar en la Fase III. Igualmente tienen prelación (e interés) para ser contratados como operadores del SITP, lógicamente previo el cumplimiento de algunas condiciones básicas del nuevo sistema.

Abierta oficialmente la discusión del pliego, el grupo de los pequeños y medianos transportadores, liderados el presidente de Apetrans, Alfonso Pérez, escogió una vez más las vías de hecho, y declaró desde el pasado 1 de marzo el paro que acabamos de sufrir, y que luego de cuatro largos días, finalmente la administración distrital conjuró, más con argumentos y firmeza, que con concesiones contrarias a las finanzas de la ciudad.

Se acordó un reajuste al porcentaje de utilidad del 0,85 al 1,5 por ciento, y se aumentó en un 5% el valor de retoma de los buses a chatarrizar, cifras estas que estaban dentro de los márgenes de maniobra posibles calculados por los expertos en factibilidad financiera, quienes colaboraron en la elaboración de los pliegos licitatorios. En este tope técnico se basó la posición "intransigente" del Alcalde Samuel Moreno, frente a las pretensiones de Pérez y sus aliados, quienes al final debieron aceptar las cifras originalmente ofrecidas por la Alcaldía.


Epílogo de un desafortunado hecho

Algunos críticos de la Administración distrital, como Vargas Lleras o Ándrés Pastrana, quienes impulsan y claman por la revocatoria del mandato a Moreno Rojas, dejan al descubierto afanes electorales y viejos odios ancestrales de estos y otros pocos políticos que quisieron aprovechar el paro para pescar en río revuelto, ya fuera dándole la razón a la turba enardecida y a la mafia del transporte.

Lo cierto es que el Alcalde Moreno terminó recibiendo el apoyo de los distintos gremios, y de manera especial, el del Gobierno central, cuyo ministro de Transporte fue pieza clave en las conversaciones con los líderes del lamentable paro. Y no era para menos, pues se trataba de respaldar la institucionalidad y los intereses de los bogotanos, muy bien representados esta vez por el Alcalde Mayor, frente a la chantajista actitud de un innecesario acto que causó tan graves perjuicios a los ciudadanos de a pie y a la economía nacional. Una prueba más de la necesidad que tiene la ciudad de reorganizar adecuadamente su movilidad.

En medio de lo sucedido, es de destacar que, gracias a la presencia de dos estupendas obras, Transmilenio y las ciclorutas, que hacen parte del legado del ex alcalde Enrique Peñalosa, el caos reinante y la angustia ciudadana no colapsaron por completo la ciudad. Es de suponer que, aumentadas las líneas de Transmi, y a medida que se construyan las del metro y el tren de cercanías, la ciudad se irá blindando contra estos atentados a la razón y a la paz ciudadana. Aunque, por supuesto, con la entrada en operación del SITP, la ciudad y sus costumbres serán otras.

Ojalá nos quede como lección la importancia del respeto a los demás, frente a la solución de los problemas particulares, concepto que no parece claro en los distintos marchantes que han decidido en los últimos años bloquear el sistema Transmilenio para hacer públicas sus variadas y particulares peticiones. Hay mejores vías para ello, y las de Transmilenio son exclusivamente para el fácil desplazamiento de sus usuarios. Démosle luz verde permanente.


viernes, abril 10, 2009

Reflexión brevísima en Siete Palabras


Especial beato de Semana Santa


Colombia, país del Sagrado Corazón de Jesús (en Vos confío), donde supuestamente el principal culto religioso sigue siendo el Catolicismo, y donde la gran mayoría de la población decimos profesar los principios cristianos, podría ser, de acuerdo con las creencias de todos nosotros, piadosos ciudadanos, una sucursal del infierno, o al menos una franquicia del purgatorio, si no fuera porque en medio de todo, la nuestra es una tierra paradisíaca: paraíso de la violencia, paraíso de la mafia, paraíso de la corrupción, paraíso de la injusticia, paraíso de la impunidad, paraíso del desorden, paraíso de la miseria, paraíso de los desplazados, paraíso de la ignorancia, paraíso de la politiquería. Para eso es Colombia.

Acostumbrados a eventos cíclicos como el desbordamiento anual del río Magdalena y sus eternos damnificados, o los abominables negociados con el patrimonio nacional y sus malosos beneficiarios, los colombianos sobrevivientes llegamos una y otra vez a la famosa Semana Santa, período del año cada vez más vacacional que vocacional; comen opíparamente el Jueves Santo quienes aún pueden; llueve casi por norma el Viernes Santo, cuando la costumbre manda pescado, ya sea éste tilapia, bagre, sardina en lata, pescado salado (ahora “genérico”, de dudoso origen y a lo mejor transgénico), mero en salsa, trucha arco-iris al ajillo, viudo de capaz, mojarra a la criolla o los cada vez más comunes y bienaventurados sushis y makis (no cuentan los vegetarianos); el trancón y los accidentes por alcoholemia, velocidad, sobrecupo, descuido, o todas las anteriores, son endémicos la víspera, durante y en la Pascua; la música clásica de entierro ha sido progresivamente desplazada, primero por los clásicos épico-religiosos del séptimo arte, verbi gracia “Los 12 mandamientos”, “Quo Vadis”, “Jesús, el nazareno”, “Espartaco” o la moderna “Jesus Christ Superstar”, y recientemente por cantos profanos en ritmo de champeta y reguetón; una vieja y lúgubre costumbre como era que las iglesias taparan sus imágenes con unas brillantosas sábanas lilas para descubrirlas en los días santos, cuando la gente debía irse de tour a un mínimo de no recuerdo cuantas iglesias, romería que le daba a las ciudades una apocalíptica imagen, que en Bogotá comenzó a ser profanada por Fanny Mickey desde su primer Festival de Teatro. Desde entonces los bogotanos cambiamos la fingida pesadumbre por la alegría y el divertimento; pero tal vez el momento culmen de la Semana Mayor, su éxtasis, es “el sermón de las siete palabras”, verdadera vaciada que desde su púlpito, y con la complicidad de la radio y la tv, se jalan los jerarcas pluma blanca de la Iglesia, quienes caen sobre los fieles como paracaidistas, denunciando un mal social que ellos parecen desconocer el resto del año, o lo que es peor, patrocinar.

Eludiendo la cascada catequizadora de obispos, arzobispos y cardenales, como la del propio Benedicto, usurpo su sacro púlpito para dar mi versión muy personal del sermón de las siete palabras, versión colombiana. Paciente esperaré la excomunión. Amén.
(Click en la palabra para entrar)
PRIMERA Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen (Lc. 23,34)
SEGUNDA En verdad, en verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso (Lc. 23,43)
TERCERA Mujer, he ahí a tu hijo; hijo he ahí a tu madre (Jn. 19, 26-27)
CUARTA ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado? (Mc. 15, 34; Mt. 27, 46)
QUINTA Tengo sed (Jn. 19,28)
SEXTA Todo está cumplido (Jn. 19, 30)
SÉPTIMA Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu (Lc. 23, 46)

miércoles, enero 14, 2009

Julio Sánchez


Monseñor Julio Sánchez González
Septiembre 18 de 1924 - Enero 13 de 2009


Por GUILLERMO MEJÍA CORREA*
Tenía yo casi 14 años y ya vestía como todo un 'doctor' colombiano, de paño y corbata, nunca supe para qué ni por qué, pero eran las reglas del colegio, uno de esos grandes donde los alumnos se convierten en números. Con el tedio que me producía el sistema académico de los padres escolapios, me hice a dos amigotes que pronto se convertirían en los cómplices de muchas pilatunas, en resistencia a las absurdas imposiciones antipedagógicas. Como era apenas obvio, terminé el curso expulsado por indisciplina.
Con la libreta de calificaciones llegó para mis papás la obvia noticia que los obligaba a conseguirme un nuevo colegio. Comenzando enero visitamos en la casa parroquial de Santa Bibiana al Cura Julio, quien desde entonces me acogió con los brazos abiertos. No puedo decir que sané de todos mis traumas con la educación, pero de entrada dejé de ser un número, para convertirme en una persona con nombre propio. "Chino Mejía" me llamaba, con su rolo acento.
Y el Cura fue clave, con sus charlas alrededor de la cancha de fútbol, cuando casi ahorcándome con su abrazo, me hablaba del futuro que tenía por delante si decidía esforzarme. Poder decirle "Curita" en vez de Padre ya nos acercó mucho. A decir verdad, su terca afición por un tal equipo llamado Santa Fe era lo único que nos distanciaba un poco. De resto, nos convertimos en dos buenos amigos.
Era una persona parada en el mundo real, con la visión espiritual que tanto falta hoy en la gente común. De estos dos elementos estamos hechos los muchos emilistas que Julio formó a lo largo de su vida.
Jamás me obligó a aceptar nada por la fuerza, ni siquiera los preceptos del catolicismo que eran y son doctrina del Emilio Valenzuela. Con la 'licencia secreta' que me concedió para faltar a misa cuando quisiera, y otras menores que no contaré, diferencié por primera vez la autoridad del miedo. Y el Cura sí que la tenía y la tuvo siempre. Su autoridad era real, porque emanaba del ejercicio honesto de unos principios que no conocen fronteras ni tiempo: los cristianos. Hoy puedo refutar algunas cosas de ellos, pero nunca la manera como el Cura los practicaba ejemplarmente.
Los años en el Emilio no fueron fáciles, como no lo es la vida en la adolescencia, pero resultaron enriquecedores y serenos, dejando en mí las mejores enseñanzas que no dan las matemáticas ni las ciencias. Precisamente aquellas que nos son útiles para caminar por el laberinto de un mundo cada vez más complejo, autista y autodestructivo.
Conservo el recuerdo de un cura “chévere”, que usaba el pelo más bien largo, que andaba en un viejo Chevrolet convertible y trataba amorosamente a todos cuantos le rodeaban.
Los tiempos pasaron, las cosas cambiaron, pero el espíritu emilista que el Cura construyó día a día, prevalecerá en todos sus hijos, quienes llevaremos una parte suya hasta el final de nuestros días.
Estamos inevitablemente marcados con tu sello. Gracias Julio y feliz viaje.

* Bachiller del Colegio Emilio Valenzuela, 5a promoción.

martes, julio 31, 2007

Simpson ni ton



Hice mi fortuna a costa de Matt Groening, vendiendo libros de los Simpson. Recuerdo especialmente aquella pérfida y perversa “Guía para la vida”, escrita por Bart Simpson (con la colaboración de Matt). Muchos papás de ‘niños bien’ del Anglo Colombiano, incluyendo a la futura Primera Dama, Tutina de Santos, aún me guardan amargo rencor por los supuestos estragos que causaría en sus hijos la lectura de la filosofía Simpson. Siempre he creído que mirarse en el espejo tras una noche de farra y licor resulta aterrador e indeseable.


Más promocionada que la revelación de las ‘razones de Estado’ de Uribe para soltar a Granda y a 200 forajidos más, la película Los Simpson finalmente se estrena hoy. Con seguridad muchas de las sillas de los cines de Bogotá estarán ocupadas por esos niños y, de golpe, por algunos de sus papás. Han pasado 11 años desde entonces y todo parecería indicar que el libro fue a parar finalmente a las manos de los papás de los niños, pues algunos de ellos, como el esposo de Tutina, han aplicado al pie de la letra lo que sus hijos leían más bien con gracia. Es que a veces los hijos entienden mejor que los papás.


Acostumbrados a repetir frases recurrentes como aquella de que “Colombia es un país lleno de ‘gente de bien’, aunque con algunos bandidos”, no vacilo en afirmar que esa ‘gente de bien’ decimos una cosa, pensamos otra y hacemos otra bien distinta a las anteriores. Si no fuera así, existiría un consenso real y unánime contra la delincuencia organizada, hoy mal llamada paramilitarismo, parapolitiquería, narcotráfico, secuestradores, piratería, guerrilleo, boleteo, traqueteo, contrabandeo y otros males menores que, por cierto, dan más cárcel que cualquiera de los anteriores. Pero la sociedad pareciera dividirse ahora entre los que apoyan tácitamente a los paramilitares y los que admiran el ‘heroísmo’ de la guerrilla. Y mientras tanto esas dos bandas de narcotraficantes, en asocio con otros malhechores, incluidos ‘señores bien’ de cuello blanco, acaban con lo que queda de país.


Estos son nuestros verdaderos narquetipos sociales, en un país mafioso donde su gobernante se atreve a arremeter contra la Corte Suprema de Justicia para salvar el pellejo. El propio pellejo y el de un proceso fallido que arrancó con pié izquierdo, al querer otorgarle a los sanguinarios y psicópatas miembros de las autodefensas, el estatus de próceres políticos, cuando en realidad constituyen una amorfa agrupación de matones y facinerosos sin escrúpulos. Camino correcto podría ser más bien el de retirarles a los guerrillos su calidad de ‘luchadores políticos’, que de hecho ya la perdieron hace mucho. Pero el señor presidente insiste en buscarles redención a toda costa a los señores motosierristas, y de carambola a sus amigos parapolitiqueros.


Ante sentencias o fallos de la Corte como el reciente contra la aplicación de la sedición a los paras por imposibilidad jurídica, es usual y políticamente correcto escucharle a los gobernantes la frase de “no lo comparto, pero lo acato”. Ante la hiperactividad del presidente para contrarrestar el pronunciamiento de la Corte, a muchos nos late que hay de por medio compromisos de espalda al país y mucho, pero mucho rabo de paja a punto de arder.


Resulta increíble la coexistencia de mundos tan lejanos en una misma nación. Un pueblo víctima que trata de expresar su dolor y su inconformidad hablando ante el Congreso, sembrando simbólicamente la plaza de Bolívar, recorriendo duras carreteras hasta la capital, o a pié por la libertad de un hijo o en una caravana de protesta por el abandono de las comunidades indígenas; mientras, presenciamos a un Presidente que clama por los derechos de los asesinos y de los corruptos, a unos parlamentarios corruptos que abandonan la plenaria para no escuchar de boca de las víctimas los horrores cometidos por esos asesinos y una Corte que debe soportar la arremetida del Ejecutivo, ante su valeroso acto de desarmar la coartada gubernamental con la que se busca absolver a asesinos y a corruptos mediante un ‘proceso de paz’ que nadie estaba pidiendo y que solo traerá más impunidad e injusticia. ¿Cuál reparación?


El resto del país estaremos contentos viendo Los Simpson, sin darnos cuenta de que la doble moral social que tanto critica Groening a los norteamericanos es la misma que practicamos campeonamente los colombianos. Con el perdón de Tutina y Juan Manuel.