viernes, noviembre 30, 2012

Confieso que he soñado

Ilustración: Hans Peter Kolb


"...¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son." 
Pedro Calderón de la Barca | La vida es sueño



Había pasado muchos, muchos años tratando de recordar bien algún sueño, de retener algo de él, de saber cómo son las imágenes y los sonidos, y qué cosas se sienten durante el sueño. Pero los sueños son esa parte nuestra que siempre se desvanece con el alba y se acaba de extinguir con la salida del sol y el diario trajinar. Al menos sucede en mí. Siempre, indefectiblemente, termino olvidándolos. Si acaso recuerdo el tema o algún hecho que me impactó. Pero nunca se graban como vivencia.

Hoy fue distinto. Tuve un sueño fantástico, que no voy a contar porque no tiene gracia para ustedes. Sucedió ya cerca de la hora en que debía despertar. Hoy pasó algo extraordinario y lo tengo en mi mente, en mi cuerpo, en mis sentidos, como si hubiera sido real. Es más, con lo que estoy sintiendo, puedo llegar a afirmar que los sueños son realidad. En otro plano, pero realidad. Lo que sucedió para entenderlo, fue que se unieron esas dos realidades por un segundo o menos.

 

Son imágenes perfectas, de color, volumen y secuencia. Sonido envolvente, Dolby estéreo, incluso Sensurround. Lo digo en serio, los efectos de sonido son perfectos, como las tomas. Vamos armando las escenas como lo ordena la mente a través de la imaginación. Nos preguntamos algo, y entonces la ‘cámara’ apunta al lugar que tiene la respuesta. Y la vemos, porque en los sueños todo tiene respuesta y todo es visible. Algo más, cosas como la temperatura ambiente y los sonidos secundarios se aprecian con infinito realismo.

 

Sobre el contenido de los sueños, algunas veces había llegado a pensar si estos estarían llenos de inconsistencias y tonterías sin sentido. Hoy despejé la duda. La imaginación teje historias sorprendentes. ¿Somos nosotros mismos capaces de recrear inmediatamente, en tiempo real como se dice ahora, un guión que apenas se esta dictando? Los sueños lo hacen, superando nuestro normal cálculo cerebral. La mente controla todo lo que sucede ¿O será que se sueña en equipo, dentro de una consciencia cósmica? Porque me quito el sombrero si lo hice yo solo.

 

Pienso ahora en las personas ciegas o sordas o parapléjicas. Qué gran oportunidad tiene su vida de vivir. De sentir las cosas que despiertos les niega la vida. Los sueños deben ser su mágico mundo, donde en verdad se realizan como personas. Por eso mucha gente con severos problemas físicos no se ve amargada, y por eso tanta gente limitada nos supera en tantas cosas, pero seguramente donde más, en el arte de soñar.

 

Quería, necesitaba escribir esto antes de que por un accidente cerebral olvide mi sueño de anoche. O mejor, de esta madrugada. Qué infinita sensación, cuántas cosas imposibles en este lado del mundo se pueden recrear allí, en el campo del sueño. De manera maravillosa, convergen todas en un mismo espacio y en un mismo tiempo.

 

Quería, necesitaba compartirlo con ustedes, las pocas personas que leen lo que escribo. Ojalá muchos de ustedes lo hayan vivido o lo lleguen a vivir. Recordar un sueño de manera plena, no es lo mismo que recordar con qué o con quién nos soñamos, y qué pasaba. Las pesadillas han de ser terribles. Ahora más que nunca, exhorto a la gente a que sueñe despierta, porque hay un plano en el cerebro donde se decantan los sueños y las aspiraciones de todos nosotros, para seguir el proceso de concretarlos en este, el plano del día a día, el plano que creemos real. Después de lo que acabo de vivir, este, nuestro mundo, podría el sueño.


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martes, noviembre 20, 2012

Providencia contra San Andrés















Por GUILLERMO MEJIA-CORREA

Hoy, cuando los efectos de la sentencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) quizás se habrán decantado un poco mejor, vale decir que el tan esperado acto que dirimió un viejo conflicto fronterizo y delimitó áreas marinas y submarinas entre Nicaragua y Colombia, es ley.

Si la CIJ hubiese respaldado todas nuestras pretensiones y Nicaragua se negara a acatarlas, desestimándolas públicamente, de seguro estaríamos enardecidos los colombianos contra la mala onda del perdedor. Nosotros, que nos decimos tan legalistas y cumplidores de los tratados internacionales, no podemos desconocer parcialmente un fallo en derecho como el que tiene tan contentos a los nicas, y tan abrumados a muchos colombianos, especialmente a los habitantes del archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, y aceptar el resto del fallo que nos concede soberanía sobre unos prominentes peladeros llamados cayos. Frente al acto jurídico, lo único que le queda al gobierno es acudir al derecho internacional para adelantar ante los organismos competentes las acciones que le queden, que pareciera son pocas.

Visto ya con cabeza fría, el daño causado sobre la economía isleña por la sentencia de la CIJ es descomunal. Menos traumático hubiese sido que la Corte le otorgara la jurisdicción de San Andrés a Nicaragua, que no suprimir de su dominio las aguas de donde derivan el sustento sus habitantes. Un absurdo político, frente a un imposible metafísico.

Así las cosas, es momento de realidades. Una de ellas, la más lógica, es la de enfrentar solidariamente como Nación las dificultades que tendrán en adelante los isleños en razón a los nuevos límites de las aguas marítimas delimitadas por la sentencia. Es la oportunidad de saber qué tanto nos importan realmente los sanandresanos, qué tan colombianos se consideran y los consideramos a ellos, y cuál es el grado de madurez social que tienen.

Anticipándonos a un supuesto fracaso de tan titánica tarea, una posibilidad remota podría ser que los isleños quisieran pertenecer ahora a Nicaragua, en razón a la conveniencia de los nuevos límites, a la necesidad de supervivencia y a la indiferencia de nosotros, los colombianos continentales. Otra opción aún más utópica, es que reclamaran su autonomía y exigieran para sí las aguas que le corresponderían al archipiélago de San Andrés como Estado, naciendo a la comunidad internacional como un protectorado temporal de Colombia. Pero para ello se necesitaría mucho más cacumen que el que demuestran los isleños, y sin la batuta de un Simón González sería imposible.

Desde mi soñador punto de vista, las fronteras podrían no existir, y la vida de la gente regirse por el sentido común y el interés general, de modo que antes que pensar en una rapiña territorial de las zonas limítrofes, los pueblos se dedicaran verdaderamente a preservar los recursos naturales, para que estos pudieran ser adecuadamente explotados con sostenibilidad.

Resulta irónico que el debate sobre la exploración petrolera en las aguas del archipiélago, proyectada por el propio gobierno colombiano en detrimento del hábitat marino y de la calidad de vida de los isleños, queda inmediatamente despejado por la CIJ a favor de San Andrés. Ahora se traslada al ámbito nicaragüense y a la comunidad internacional.

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miércoles, octubre 31, 2012

Tradición o Patrimonio



Por Guillermo Mejía-Correa

En reciente fallo, la Corte Constitucional ha confundido peras con manzanas. Tan anacrónica sentencia encuadraría mejor en los albores del siglo XX, cuando la gente tenía una visión exclusivamente especista, y los animales eran tomados por criaturas inferiores que nos pertenecían y estaban a la mano para ser utilizados en lo que fuere menester o placer.

Hoy la cosa está cambiando. La humanidad, en buena medida, viene adoptando una postura cada vez más ecológica, dentro de una ética animal en la que la vida, la dignidad y el bienestar irán siendo cada vez más los ejes para relacionarnos con las demás especies, con las que compartimos un planeta amenazado exclusivamente por los humanos, porque las especies ‘inferiores’, tal vez por falta de inteligencia, no atentan contra el ecosistema.

Defender una tradición como la tauromaquia desde el punto de vista constitucional requiere agallas, porque es birlar el sentido ambientalista y de defensa de la vida que precede y supera al de la preservación de las tradiciones culturales en la Carta Magna. Si se ha de mirar el toreo como una tradición cultural de los colombianos, en Colombia son más tradiciones culturales la violencia, la corrupción, la politiquería, los magnicidios, la impunidad, el secuestro, la guerrilla, los paramilitares, el narcotráfico, el microtráfico de drogas, el consumo de coca y bazuco, el sicariato, el atraco a mano armada, el fleteo, el matoneo y hasta la envidia. Y no por ello ha de apoyarse la preservación de tales tradiciones culturales.

¿La tauromaquia, que básicamente y sin adornos, consiste en torturar a un animal hasta producirle la muerte frente a miles de espectadores, muchos de ellos menores de edad, que pagan para ver y aplaudir tal ‘espectáculo’, se diferencia de las antes citadas tradiciones culturales? En nada. Todas son prácticas que apoyan antivalores que atentan contra el bienestar y la vida. O que alguien explique de una vez por todas, y sin eufemismos,  por qué se insiste en seguir vendiendo como arte tal locura.

Si bien es cierto que la gente tiene derecho a escoger sus aficiones y a desarrollar libremente su personalidad, también es una verdad que el límite de ello son los derechos de los demás. Y derecho tienen los animales a una vida digna, claro, desde una perspectiva moderna y progresista, no desde la óptica de la era romana, o de la inquisición, o del fascismo…o de los taurinos.

La Corte Constitucional, que no es la encargada de determinar qué cosas son tradiciones culturales, ha fallado inconsultamente con el Ministerio de Cultura. Pero el asunto va más allá, y es que como se dijo antes, las tradiciones culturales no son hechos para preservar per se. Existe una categoría muy por encima de la tradición cultural, que encierra un verdadero valor para la humanidad, como es el patrimonial. Se trata de establecer lo que realmente es sustancial y digno de preservarse, y no lo que constituye meramente una costumbre.

Frente al debate sobre la justificación de algo tan cuestionable como son las corridas, existe la posibilidad de acudir a una declaratoria de Patrimonio Cultural Inmaterial por parte de la autoridad en la materia, la Unesco. Sin ello, los fallos que pretenden elevar el espectáculo taurino a lo más alto de nuestros valores culturales, resultan arbitrarios y engañosos, pues es claro que no son patrimonio en el sentir de una inmensa mayoría que cada día es más consciente de la necesidad de abolir para respetar.

Si el coliseo romano fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1980 por la Unesco y una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo Moderno en 2007, no fue precisamente para reinstaurar las sangrías que allí se celebraban durante el imperio romano, sino por el contrario, aparte de su valor arquitectónico, para erigirlo como un monumento a la memoria de épocas superadas, en las que fue normal la tortura y el asesinato, incluso como circo para el pueblo. Las cosas han cambiado, y solo ocho países del mundo mantienen la tradición cultural de torturar y matar toros como una diversión. Colombia entre ellos.

lunes, agosto 20, 2012

El tsunami amarillo

Imagen: CityTv.com.co

Basta ya. Instamos a los bogotanos a manifestar nuestra inconformidad con la calidad del servicio público prestado por los taxis, una alternativa de transporte que se ha ido convirtiendo en un problema mayor, y en algo que poco le aporta a la tortuosa movilidad de la capital.

Por Guillermo Mejía-Correa
 
Si en algo podemos estar de acuerdo los habitantes de Bogotá es en que quienes dirigen algunas de las mayores empresas del gremio de los taxis, conforman una de las muchas mafias que someten a la ciudadanía a su antojo, haciendo primar su propio beneficio y comodidad por encima de nuestros derechos, y especialmente en detrimento del servicio público que se supone deberían prestar los amarillos. Ello a sabiendas de que son muchos los taxistas profesionales que individualmente ejercen su oficio con respeto y profesionalismo, rescatando lo que en grupo enlodan los demás.

Hace nada comentábamos el caso de la grave inseguridad que ofrece para todos el bajo profesionalismo de conjunto, al punto de que su comportamiento cobra muchas vidas al año, producto de su irresponsabilidad y de la debilidad de las autoridades para poner en cintura a quienes como colectivo atentan de manera aleve contra la paz ciudadana, e imperdonablemente contra la vida.

Es claro que la seguridad de los taxistas, como la de todos los demás ciudadanos, corre serios peligros, especialmente en las horas de la madrugada, cuando están expuestos al ataque de la delincuencia común, pero ello no justifica de manera alguna los amenazantes bloqueos de protesta que regularmente organizan. La solución es un concreto plan de seguridad concertado y desarrollado conjuntamente con las autoridades de policía.

Ahora bien, recientemente se ha ido formando entre ellos un movimiento contra el nuevo sistema de Pico y Placa impuesto por la Administración Petro, el cual justamente se encuentra en período de evaluación, y cuyas pretensiones llegarán a su clímax esta semana que comienza, con el anuncio de un paro, en el que intentarán un nuevo bloqueo a las vías para presionar al Alcalde a que legisle según las apetencias y necesidades de los señores taxistas, básicamente las de los dueños del negocio. Hablando con algunos de ellos estos días, podemos afirmar que no todos se oponen a la medida del Pico y Placa y que, por el contrario, ven con buenos ojos la medida, pese a una relativa disminución de sus ingresos. Pero organizado el paro, la pesca en río revuelto será inevitable, así como el traumatismo para la movilidad de la ciudad.

Sentido Común se opone frontalmente a esta práctica arbitraria que solo genera más caos, sumada a la diaria agresividad de muchos conductores de taxi y a la invasión del espacio público, especialmente en las horas de la noche, cuando temerariamente estacionan sus vehículos en las esquinas de importantes vías arterias para tomar tinto y aromática, ante los ojos impávidos de la ciudadanía y la autoridad. Usuarios o no del taxi, este comportamiento nada cívico de algunos conductores compromete los intereses de todos y causa gran daño a la imagen del taxista urbano.

Basta ya. Instamos a los bogotanos a manifestar nuestra inconformidad con la calidad del servicio público prestado por la mayoría de los taxis, una alternativa de transporte que se ha ido convirtiendo en un problema mayor, y en algo que poco le aporta a la tortuosa movilidad de la capital. Proponemos declarar un paro cívico de dos días por cada bloqueo que ellos hagan, es decir que en lo posible no usemos el servicio de taxi los dos días siguientes a cualquiera de las protestas suyas que impliquen bloqueo de vías. Suponemos que de esa forma se le envía por parte del usuario un mensaje claro al gremio sobre los errores que están cometiendo. Previamente hay que entrar en diálogo con el gremio para hacerle explícita nuestra inconformidad mayoritaria con su servicio, de lo contrario la intención se perdería. Sentido Común se compromete a ello.

Así como esta acción, debemos emprender muchas otras para enfrentar las mafias que se están devorando lentamente la ciudad en nuestras propias narices. Dejemos atrás la pasividad y la observación inerte, y pasemos a la acción ciudadana. Unidos somos mayoría. Sentido Común estará impulsando siempre esta necesaria activación de la gente en torno a problemas que nos afectan grandemente. El de los taxis es apenas uno de muchos.         


Adenda: Cuando viaje en taxi (y en cualquier vehículo) no olvide usar el cinturón de seguridad. El peligro de sufrir un accidente mortal o quedar mal herido no es solamente en el puesto de adelante, y en Colombia el Código de Tránsito lo hace obligatorio, o sea, no llevarlo puesto es motivo de comparendo.

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domingo, julio 29, 2012

Con licencia para amar

Haga clic en la foto para ver mejor a Bond y la Reina


Me la gocé y me declaro a favor de la ceremonia de inauguración de la edición XXX de los Juegos Olímpicos en Londres. En mi concepto, Danny Boyle resumió de buena forma el espíritu británico de hoy, a la vez que reflejó el intrincado advenimiento de la revolución industrial, por cierto, un orgullo difícil de reclamar, contrastándolo con el natural verde de las sociedades preindustriales, cuyos montes, árboles y céspedes fueron removidos mágicamente por miles de voluntarios, para dar paso a una era gris y turbulenta, donde la industria y la masificación fueron el origen del mundo metalizado, impersonal y malamente globalizado que vivimos hoy.

Sacar justamente los anillos olímpicos de la fundición del acero, es una linda alegoría a que no todo tiene que ser negativo, y hay cosas maravillosas como el deporte, la literatura y la música, que vuelven a unir una y otra vez al mundo. Y de ambas sí que tiene para mostrar la Gran Bretaña, y Boyle lo mostró, sin perder en ningún momento ese característico humor inglés que tantas veces usan los británicos para burlarse de sí mismos.

La intervención de tamaña legión de voluntarios y empleados participantes en el acto inaugural, en el que apareció retratada la variedad multicultural y multiétnica de Londres, incluso en la representación de épocas pasadas en las que los protagonistas fueron anglosajones, refleja el espíritu incluyente de hoy, afianzado especialmente en los sectores progresistas de la sociedad inglesa, y a prueba en tiempos de crisis como el que vive Europa. 

El juicio de la historia sobre los estragos o beneficios del imperio británico durante la era victoriana difícilmente pueda hacerse desde una óptica contemporánea, donde el imperio se llama dinero y tiene sometido, casi sin excepción, a todo el planeta. En este nuevo orden mundial, hace rato los límites de las naciones fueron trascendidos ampliamente por el poder del vil metal. Pero, así el deporte y las artes ya hagan parte del perverso sistema global, y se hayan convertido en otra industria más, debemos rescatar ese espíritu que le permite al mundo, a nosotros los ciudadanos del común, sentirnos sintonizados con lo mejor de la humanidad, con su esperanza de paz y equidad, y alejados de las cotidianas guerras y odios provenientes del sueño de riqueza y poder de quienes apoyan 'el progreso'.


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domingo, junio 17, 2012

Los Toreros Muertos



Tengamos más Sentido Común: las corridas incruentas NO EXISTEN. Usar a un animal (en este caso el toro) para divertirnos burlando su dignidad y su naturaleza, aduciendo razones de doble moral como "arte", "fiesta brava", "tradición cultural", "derechos de las minorías" o "libre desarrollo de la personalidad" es un verdadero esperpento intelectual y una afrenta al verdadero sentido humanitario.

Sentido Común aplaude y celebra la trascendental decisión de la Administración de Gustavo Petro de convertir la Plaza de toros de Santamaría en un escenario para la cultura, las artes y la paz, como lo planteáramos con insistencia desde esta tribuna y mediante nuestras continuas acciones activistas. Es claro que como grupo antitaurino no podemos bajar la guardia, y no lo haremos, pues cantar victoria antes de tiempo sería de ingenuos. Por ello nuestra causa a favor de la vida y de la convivencia armoniosa del hombre en el planeta Tierra seguirá como un derrotero activo, expectante de las acciones que con furia emprenderán los taurinos a partir de ya. Nuestra lucha no es contra ellos, ni contra nadie. Como criaturas del Universo, nos sentimos en la obligación de asumir una posición y una acción en pro de la naturaleza, lo que nos permite tomar la vocería de quienes no pueden hablar, en este caso los toros y los caballos.

A veces criticada, muchas veces valorada, nuestra presencia en marchas y plantones contra la realización de corridas en Bogotá, así como nuestras frecuentes publicaciones en las redes sociales, han tenido y tendrán un fin primordial de concienciación y persuasión, que no de convencimiento a la fuerza. Por ello, y con el tiempo, vemos cada vez más innecesario y árido el debate verbal con quienes defienden aún la existencia de tan arcaica práctica, el cruel toreo, las corralejas, las becerradas o tantas otras atrocidades contra nuestros queridos compañeros mamíferos.

Jamás hemos hablado de prohibición, como sí de abolición, dos conceptos distintos. Hábilmente, el Alcalde Petro ha hecho lo propio. Su medida no prohíbe las corridas en Bogotá, respetando así las ansias de divertirse en torno al sufrimiento de otro ser que parecen experimentar los taurinos. El anzuelo de llevar la discusión del toreo al terreno de las corridas incruentas, es decir, sin sufrimiento ni muerte del toro, fue una movida excepcionalmente brillante por parte de Petro, toda vez que por lógica la afición rechazaría tal escenario, contrario al goce mismo de la “fiesta brava”, que es la sangre sobre una arena, donde quede de manifiesto la “superioridad e inteligencia” del hombre sobre el vacuno, mediando, claro está, el encierro a oscuras, unas cuantas banderillas, la pica a caballo y los chiflidos, oleos, y en general la burla de un público “culto” y medio embriagado en el conocimiento de los diferentes tercios y el “arte” de la tauromaquia. Mucho habremos ganado el día en que los únicos taurinos y taurinas sean las personas nacidas bajo el signo zodiacal de Tauro.            

Como colectivo, seguimos en pie de lucha contra la violación a los derechos animales y apoyamos activamente todas las iniciativas que propendan por la eliminación de prácticas crueles contra nuestros compañeros de planeta. En consecuencia, nuestro siguiente paso en tal dirección será trabajar en la concienciación de más personas sobre la necesidad de liberar a animales como el caballo, la mula o el burro en crueles tareas urbanas, más propias de la época medieval, que del Siglo XXI.

Paralelamente, avivaremos el debate en torno al manejo cruel e indebido de animales en sacrificio para fines alimenticios o en experimentación “científica”, y seguiremos atentos a denunciar las malas prácticas mercantilistas en torno al tráfico de mascotas y especies en vía de extinción, donde los "mascotadictos" tienen gran responsabilidad.

Si usted comparte estos principios y estas prácticas que impulsamos, le invitamos a hacerse parte activa de Sentido Común, un colectivo cívico fundado por personas como usted, quienes aspiramos a vivir en un mundo en armonía, y dejarle a las generaciones venideras un mejor planeta, donde lo humano sea respetar el medio ambiente, no dominar sobre este.


Guillermo Mejía Correa
Sentido Común

Algunos escritos anteriores relacionados:
César...al rincón
Subdesarrollo y tauromaquia
Sí somos tan animales
Ole!
Un animal menos
No más tauromaquia

lunes, agosto 01, 2011

Reivindicando a Trosky Mamerto Vieira [Morales]

Imagen: La gente no sabe lo que hace (Juan&Diego) Bajo licencia Creative Commons


Me resulta pueril y desproporcionada la reacción del periodista Antonio Morales, ex amigo en Facebook, quien en un arrebato de paranoia, que en el fondo entiendo y acepto, arremetió contra mí en mensajes públicos y privados, en unos términos como pocos imaginarían de propiedad de un ganador del premio Simón Bolívar y otras muchas distinciones profesionales, por cierto muy merecidas.

He querido referirme hoy a esa anécdota enterrada en el pasado, al ver que Antonio ha bebido de su propia medicina, tras las reacciones a un artículo satírico que escribiera para la revista digital Kien&Ke, por interpuesta persona del doctor Godofredo Cínico Caspa, personaje de su creación, magistralmente estelarizado por el inigualable humorista Jaime Garzón en el noticiero Quac, y que en alguna medida fue la causa de su asesinato.

Muchos de quienes buscamos difundir algún mensaje o compartir nuestro pensamiento crítico, en ocasiones a través del humor, optamos por crear nuestras propias fantasías y nuestros propios avatares. Así nació don Títere Sin Cabeza, por allá en abril de 2005, bajo el seudónimo de Sentido Común, que utilicé desde 2003, básicamente a raíz de anónimas y agresivas amenazas recibidas desde que comencé a escribir el blog de crítica al régimen de Alvaro Uribe, Blogotá, D.C.

Son muchos los personajes que poco a poco fueron integrando la nómina, primero del consulado, y posteriormente de la embajada de Colombia en Moldavia, salidos todos del diario trasegar de la política nacional y de sus hechos más relevantes. Llegaron así Vanessa Pretelt, Adrianne Foglia, el profesor Alejandro Martí, la teniente Jessica Lynch y muchos otros, quienes llenaron prontamente las vacantes más insólitas, como aquella de Jefe de Prensa y Directora de difusión de la cultura Nukak Maku en Moldavia, ocupada meritoriamente por la ex señora del actual ilustre presidente del BID, Luís Alberto Moreno.

El auge de Facebook frente al retroceso de los blogs obligó a don Títere a hacer presencia en esta red social, para posteriormente dejar volar sus trinos en Twitter, donde comienza a ser conocido con el alias de @tuitersincabeza. En Facebook, aparte del TSC Fun Club del embajador, prontamente abrieron perfil el propio don Títere, su señora Dolores, el mensajero de la embajada, que es un tal cual, y un personaje algo áspero y radical, quien representa con cariño y humor a ese ‘mamerto’ que muchos llevamos dentro; se trata del compañero camarada Trosky Mamerto Vieira Morales.

El origen de la disputa con Antonio Morales en su muro de Facebook se fundó en algunos comentarios alusivos a unas botas de caucho, prenda muy familiar para Trosky, el joven miembro de las juventudes comunistas, y redactor de Voz. Para Antonio resultó imposible superar la presencia ficticia de un personaje tan ideológicamente cercano a él, tanto que luego del roce se hizo evidente que el segundo apellido de Trosky es Morales; igual le quedó imposible entender que Trosky Mamerto Vieira Morales no planeaba ninguna emboscada personal, y mucho menos poner en riesgo su integridad, sino controvertir un enunciado de Morales, algo que al parecer no acepta el periodista.

La reacción inmediata de Antonio consistió en agredirme verbalmente, en público y en privado, asegurando que me encubría en los personajes para causarle daño, por lo que decidí retirarme de su lista de ‘amigos’, dándome cuenta que antes que yo, Antonio ya me había incluso bloqueado, tal vez pensando en su ‘seguridad personal’. Días atrás, ante su curiosidad, le había explicado de qué se trataba la parodia de Títere Sin Cabeza, y cómo sus personajes encarnan distintas facetas del colombiano. Pero esto poco sirvió a la hora en que Antonio perdió el control de su mente, y se sintió atacado. Decidí dejar así…

Hoy, ante la situación generada por su personaje, el doctor Godofredo Cínico Caspa, Antonio Morales se ha visto obligado a escribir una nota aclaratoria a los lectores de Kien&Ke que recibieron mal los comentarios de Godofredo, la verdad bastante salidos de tono, con ocasión del fallecimiento del Joe Arroyo en Barranquilla. Es que hacer humor ante situaciones dolorosas, con los hechos aún en caliente, muchas veces no es lo más recomendado. Además de que el humor de Antonio no es tan claro como para hacer reír sin ofender. Hacer un chiste sobre el muerto en pleno funeral es algo que pocos logran sin quedar mal. Y personalmente prefiero el periodista serio que hay en Antonio, a sus escritos humorísticos del doctor Cínico. Con base en sus libretos, el humor lo ponía Garzón, y nos hacía llorar de la risa. La verdad, lo que he leído del nuevo Cínico Caspa me da un poco de ganas de llorar, pero no propiamente de risa.

Ojalá que las aclaraciones de Antonio Morales a través de Godofredo resulten satisfactorias para quienes se sintieron ofendidos por él, y que estos lectores entiendan que también es preciso hacer la diferenciación entre el personaje ficticio y el hombre de carne y hueso. Hamlet no es Shakespeare, como Chespirito no es El Chavo. Deseable también que en su momento Morales hubiese sabido hacer la diferenciación, y más que nada, hubiese respetado el concepto de Trosky Mamerto, y no caído en la tentación de calificarlo de terrorista o sicario moral. Habría entendido que Trosky Mamerto es una entidad casi independiente de la de su creador, yo. Y posiblemente me habría tratado con respeto, el mismo que siento yo por él.


lunes, diciembre 13, 2010

Vida de perros



Una de las facetas más tristes y menos reconocidas del maltrato animal es el comercio con las denominadas mascotas, y dentro de este perverso mercado, el perro (el mejor amigo del hombre) es una de las más 'apetecidas' por la voraz sociedad que se aleja cada vez más de nuestra propia condición animal y biológica, y se sumerge en el consumismo irracional de lo que sea.


Las firmas COMCEL y LG han lanzado una campaña publicitaria para promocionar la venta de algunos de sus equipos y planes de comunicación celular. Para ello se valen del gusto por los perros, especialmente el de los niños menores, y publicitan actualmente la rifa de 200 cachorros 'de raza famosa' entre los compradores de sus productos.


¿Se habrán preguntado los 'genios creativos' de esta campaña de dónde saldrá el premio ofrecido, y cual será el final de buena parte de los cachorritos que en suerte le correspondan a 200 felices ganadores?


Para entender un poco la problemática generada por la comercialización en masa de mascotas domésticas, viene como anillo al dedo la Primera Parte del documental EARTHLINGS (Terrícolas), que trata precisamente sobre el cruel mundo que rodea la cría, venta y mantenimiento de mascotas en pleno siglo XXI.




BOICOT A COMCEL Y LG: UNA FORMA DE PROSCRIBIR EL ESPECISMO


Vale la pena reflexionar sobre el papel de la publicidad, así como la acción de grandes empresas que, a pesar de que en sus respectivos discursos corporativos incluyen valores ambientalistas y promesas para conservar la vida y el medio ambiente, en la práctica hacen todo lo contrario, como sucede con COMCEL y LG, que repiten el error cometido por muchos padres de familia que en nuestra infancia tuvieron la genial idea de regalar pollitos en la fiestas infantiles. Ya todos sabemos la suerte corrida por estas tiernas aves.


Apoyemos el boicot a COMCEL y LG como prueba de rechazo a su lesiva acción frente a la vida, negándonos a comprar sus productos y divulgando esta información.


miércoles, septiembre 22, 2010

La vida no es una pertenencia

"Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor." - Antoine De Saint Exupery.

Boris fue el primer hámster de mis hijos. Una criatura muy inteligente y tierna, como lo son todos los de su especie. Su vida, pero especialmente su muerte, marcó a los niños de una manera significativa. Con Boris sintieron ellos el valor de la responsabilidad hacia los demás, la satisfacción de transmitir cariño a quienes dependen de nosotros, y finalmente, el dolor de la partida de un ser querido. Recuerdo que le hicimos entierro con palabras de agradecimiento de mis hijos, por los buenos ratos que vivieron a su lado.

Señora Emma llegó para llenar el vacó de Boris, y con ella una segunda lección de vida, como es que un ser querido es irremplazable, y cada nuevo ser que se conoce es una entidad especial e irrepetible. A la muerte de Señora Emma, mis hijos habían decidido no tener más hamsters, y en cambio había llegado a nuestras vidas Avril, una cachorrita de Labrador, que hoy es un miembro de familia, como cualquiera de nosotros.

Ahora bien, en medio de su proceso de maduración, mis hijos han llegado a la sabia conclusión de que la de “mascota” no es la mejor figura para relacionarse con los demás animales, por cuanto implica un sentido de propiedad o pertenencia, carácter ajeno a las relaciones afectivas.

Me motiva escribir estas líneas una triste noticia sobre la muerte de un hámster en un horno microondas, por parte de quien creyó ser su dueño, y dueño de su vida. Mirando un poco en la red, encuentro que esta atrocidad es más corriente de lo que pensaba. Pues sea este el motivo para plantear en esta red social la necesidad que tenemos de darle verdadero valor a la vida, a todas las vidas, frente a la deformación social que supone la tenencia de mascotas, una forma más de maltrato animal con ánimo de lucro. Transmitamos amor a los niños, proscribiendo con ellos la tenencia de animales como mascotas. Su comercio favorece el maltrato animal y la degradación de muchas especies como seres vivos. La libertad debe ser un principio universal aplicable a todo ser vivo. Las jaulas, por amplias o lujosas que sean, siempre serán prisiones.

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Hamster en un microondas?

Era nuestro hamster... abtenerse cardíacos.


Emborrachan a hámster y lo meten al microondas

jueves, agosto 26, 2010

Subdesarrollo y tauromaquia

Si la educación privilegiada que han recibido las élites conlleva a su participación en actos tan arcaicos como la fervorosa asistencia a corridas de toros, y a la justificación de la tauromaquia en la herencia cultural y el arte, existe un grave error de fondo en esa educación impartida, por cuanto, a todas luces, el toreo es un espectáculo que atenta contra la vida y la salud mental de los ciudadanos.

Por Guillermo Mejía-Correa
Con gran expectativa por parte de taurinos y anti-taurinos, se debate por estos días en la Corte Constitucional una demanda presentada por ambientalistas y movimientos protectores de animales contra la práctica en Colombia de espectáculos públicos que acarreen padecimientos físicos para cualquier animal. Dado el reciente revés que sufrió el mundo de la tauromaquia con la prohibición autónoma en Cataluña a la presentación de corridas de toros dentro de su territorio a partir de 2012, los taurinos criollos prendieron en días pasados sus alarmas y desplegaron toda la artillería del caso, enviando adelante a dos picadores de a caballo, Antonio Caballero y Alfredo Molano, reconocidos taurófilos, quienes con sus respectivas varas han tratado de justificar en pleno Siglo XXI, un atroz espectáculo de sangre y tortura, digno del medioevo. La admiración por sus respectivos trabajos periodísticos decae en buena parte, ante esta posición tomada contra natura por tan prestigiosos analistas de la realidad colombiana.

Tomemos un aparte de las declaraciones de Caballero en una entrevista concedida a PuntoColombia sobre varios temas, para demostrar cómo el subdesarrollo y la tauromaquia están claramente ligadas a una élite decadente, dominante desde la colonia; veremos de este modo cómo 'las palabras se devuelven'.

Según nos dice Antonio Caballero, "la razón fundamental (del subdesarrollo) es el saqueo por parte de quienes han sido los dueños y los gobernantes de Colombia...en colaboración...primero, obviamente con la corona española, en la época en que este país fue colonia de España...luego de...la Gran Bretaña, un poco Francia y luego...de los Estados Unidos..."

El subdesarrollo y la tauromaquia tienen entonces la misma tradición centenaria, salvo que si la dependencia política de nuestro país cambió de España a Gran Bretaña, a Francia y finalmente a Estados Unidos, pues así como se desterró la Inquisición, debimos haber dejado atrás otros vicios como el de encerrar toros bravos para torturarlos y asesinarlos en público, derivando de ello diversión, entretenimiento y finalmente un buen negocio.


Prosigue Caballero: "Lo que importa en este país, y no ha existido nunca, es una educación...de la población. Ha existido cierta educación para las élites intelectuales y económicas...la educación ha sido considerada un lujo, y reservada a unas minorías privilegiadas. La razón fundamental es la falta de educación, que ha sido considerada como un privilegio, cuando la educación es una necesidad absoluta para la inteligencia, como es la alimentación para los organismos."

Si la educación privilegiada que han recibido las élites conlleva a su participación en actos tan arcaicos como la fervorosa asistencia a corridas de toros, y a la justificación de la tauromaquia en la herencia cultural y el arte, existe un grave error de fondo en esa educación impartida, por cuanto, a todas luces, el toreo es un espectáculo que atenta contra la vida y la salud mental de los ciudadanos.

Entrados en el debate, ciertos intelectuales claman hoy por la sustitución del verbo abolir, a cambio de otros menos 'duros', como persuadir. Hubiese sido inocuo terminar con la esclavitud, si se hubiese optado por la persuasión a cambio de la abolición. Aún así, hoy persisten formas de esclavitud en nuestras sociedades.

Ahora bien, si prohibir las corridas de toros se tratara, como pretenden Caballero y Molano, de un acto de intolerancia hacia las minorías culturales, la prohibición de aserrar cuerpos vivos y jugar fútbol con sus cabezas debería ser socialmente tolerada, como expresión de una minoría cultural. Pero la realidad social es que la vida en primera instancia se protege a ultranza, y no a través de acciones meramente pedagógicas. De ahí que no matar no es una insinuación, sino una regla de oro que conlleva la explícita prohibición de hacerlo. Algún día, ojalá pronto, habrá consenso en que vida no es la humana, sino la de todos los seres y organismos que comparten el planeta con nosotros.

Buena dosis de responsabilidad social cargamos las 'minorías privilegiadas' que tuvimos acceso a los mejores colegios y a las mejores universidades. Una acción importante, señores Caballero y Molano, es desmontar las causas del subdesarrollo. Y una fundamental, inculcar en las generaciones futuras el respeto a la vida y al planeta. No somos su amo.

viernes, agosto 13, 2010

¿Matamos a Belisario?



Debemos admitir que Belisario no murió ayer. Belisario nació muerto.

Bogotá, agosto 13 de 2010. Tan lúgubre como fueron sus 25 años de sufrimiento, primero ‘trabajando’ en un circo y luego ‘viviendo’ en dos zoológicos, resultó el momento en que le aplicaron la eutanasia a Belisario, un viejo león ‘propiedad’ del zoológico Santacruz, situado a unos 20 kilómetros de Bogotá, por la vía a Mesitas del Colegio. Belisario padeció durante siempre enfermedades de todo tipo, producto del trato dado por los humanos, las que se acrecentaron en los últimos meses e hicieron de la criatura un espécimen poco atractivo para el negocio.

Hoy los medios de comunicación que cubren tristemente la noticia, se refieren al zoológico de Santacruz como una institución científica y ética. No dudo que en ella trabajen personas que profesen alguna simpatía y hasta cariño por los animales, ni más faltaba que no fuera así, pero la realidad de este, como de la gran mayoría de zoológicos es otra bien distinta.

Conocí el sitio hace muchos años, más por casualidad que por interés, y pude constatar las condiciones nada naturales, poco higiénicas, y de escases y baja calidad espacial en que mantienen cautivos a los animales, que son la razón de ser del zoológico, pues producen los ingresos económicos para mantener el negocio de exhibir animales enjaulados. Hay zoológicos como este, pequeños y modestos, y hay grandes y famosos zoológicos, pero en esencia todos son lo mismo: una cárcel creada por la especie humana, para mantener prisioneros a distintos especímenes de otras especies, con los cuales lucrarse económicamente, so pretexto de un interés científico.

Posiblemente algún día entendamos la necesidad y el beneficio de convivir en armonía con el planeta y de trabajar por su sustentabilidad, pero entre tanto serán muchas las especies que sufrirán por culpa de nuestro atraso espiritual, ese que tanto daño, sufrimiento y hasta su extinción causa a los demás animales.

Por lo pronto ya se anuncia la llegada del reemplazo de Belisario. Procedente de Cali, donde “carecía de suficiente espacio”, llegará en las próximas horas Cachorro, un joven león de año y medio, nacido en cautiverio y que lamentablemente repetirá el ciclo de Belisario. A menos que Cachorro sea liberado.

miércoles, marzo 10, 2010

Diagnosis de una movilidad cavernaria



Vivir en Bogotá implica sufrir a diario las consecuencias de uno de los más caóticos sistemas de transporte del mundo, lo que aunado a la falta de disciplina ciudadana y a la agresividad de gran parte de los conductores particulares, da como resultado una ciudad peligrosa y poco amigable. Basta hacer un recorrido de cincuenta cuadras a bordo de una buseta o un bus bogotanos, para entender la magnitud del problema.

El sitio menos indicado para subir a un bus es cualquiera de los paraderos dispuestos a lo largo de las principales vías, ante el riesgo de que allí se forme una aglomeración de gente, o lo que es peor, una fila, a las que son alérgicos la mayoría de los bogotanos. Como los buses también tendrían que guardar un orden de llegada si se detuvieran exclusivamente en los paraderos, sus choferes prefieren cazar pasajeros donde buenamente los vayan encontrando, como igual, arrojarlos donde mejor les convenga, poniendo algunas veces a prueba la pericia para llegar con vida al andén, de quienes admiten ser dejados en los carriles interiores de la vía.

Una vez abordado exitosamente el automotor, la emoción va en crescendo, incluso si es hora pico, posiblemente por algunas cuadras seamos parte de un racimo humano. Es el momento de sacar nuestro billete de 20 o 50 mil pesos, para pagar los $1.300 del pasaje, pero cuidemos de no “dar papaya” a un raponero para que se alce con nuestra billetera, cartera, aretes, reloj, pulsera, collar, pirsin y demás cacharros que usa la gente en este tiempo.

Las vueltas (el cambio) podrán venir con billete falso o con insulto justificado de parte del conductor, quien como retaliación, intentará llenarnos de moneditas de $50. El viejo truco de demorar las vueltas muchas veces resulta en perdón y olvido, y entonces, como decía el expresidente Uribe, esa platica se perdió. Adentro es posible que nos toque hacer parte de una cadena humana, para transportar dinero procedente de pasajeros que abordan la nave por la puerta trasera, y es entonces cuando se pone a prueba la honradez ciudadana. Pero ojo, que mientras el metálico circula, es posible que su celular con minutos haya cambiado de plan… y de dueño.

El Imperio de los Sentidos

Como no es Transmilenio, usted en realidad se ha subido a una caja de Pandora, en la que sus sentidos experimentarán toda suerte de sensaciones, comenzando por el olor a tapicería de pana color rojo ennegrecido, lavada por última vez en 1998, con agrieritas de bebé de 2001 y vómito de borrachito de 2008. Por fortuna para quienes les molestan estos dos aromas, un restante potpurrí de fragancias ahogará, entre chucha y pecueca, cualquier desagrado por los primeros. De cualquier forma, es recomendable llevar su buen tapabocas y una bolsa a mano, por si acaso.

Le sigue el impacto visual del decorado kitsch, arraigado en el arte pop zonal, que ya desde el exterior se insinuaba en el ilegible cartel de la ruta. De hecho no son estos avisos lo que se acostumbra mirar, sino los colores institucionales de la EPS, o empresa prestadora del respectivo servicio, y algún tipo de carrocería característico de la ruta.


Si el exterior es medianamente tipológico, su lenguaje plástico interior le imprime a cada vehículo un carácter propio, personalizado, donde la cabina es lo más singular. En la del que abordamos en esta crónica, la bombillería a granel (sin estar en navidad) enmarca los sobrios acabados cromados, los tapices de arabesco y los cojines de leopardo con el rótulo Panamá, cuya asociación no se explica fácilmente. Cajitas de madera sobre bayetilla roja raída suavizan los pespuntes de la acolchada tapicería que cubre el motor, impidiendo que los gases tóxicos afecten en demasía a la tripulación. En esta ocasión el espíritu coleccionista del conductor salta a la vista, con bellos modelitos a escala y el juego completo de estampitas religiosas compradas en Chiquinquirá. El detalle que remata magníficamente la armoniosa decoración es el escarabajo con visos fosforescentes, recubierto en plástico transparente, que corona la barra de cambios. Si miramos al piso, una cabeza plástica de la muñeca Janeth nos hace distintos gestos, dependiendo la marcha en la que se desplaza el vehículo.

Pero si “sus vistas” tienen motivo para explorar y deleitarse, la tortura sobre sus oídos no cesará en esta aventura urbana sin par. Vallenato, reguetón, Heavy Metal y mucha plancha solo dejarán de sonar si la ruta va equipada con un par de televisores plasma en los que siempre estará sintonizado un pregrabado de Pirry despotricando de los pobres Tom & Jerry, o la Gurissati hablando contra el pobre Chávez. Al fin y al cabo estamos entre pobres.

Quizás el sentido mayormente afectado sea el del tacto. El roce social y el toque-toque son la máxima característica del transporte masivo. Algunos machos experimentan la adivinación con las manos, aunque lo pueden proyectar a otra parte de su anatomía, sin problema. Precisamente es el tacto en el resto de su cuerpo el que muchas hembras experimentan a bordo, con repulsión muchas veces, quien sabe si con abnegación otras.

Al mirar a nuestro alrededor es posible observar cómo muchos garosos pasajeros van ejercitando su sentido del gusto. Chitos, Charms, besitos, papas fritas, yuquitas, uvas chéveres o gomitas ácidas en forma de gusano son apenas unos de los nutrientes alimentos cuya venta y consumo al interior del aparato incitan al placer de degustar cualquier porquería que se ocurra. Algunas personas menos afectas a la comida chatarra llevan entre su equipaje de mano una doradita presa de pollo o un sanguche de muchacho preparado con esmero por la mamá. Activada la gurbia, y en recorridos como Bosa-Lucerito o La Gaitana-Claret, el refrigerio cubre una necesidad básica insatisfecha.

La interacción socioeconómica se da cita en cada recorrido y con elevada frecuencia. En nuestro recorrido de cincuenta cuadras es posible que presenciemos dos actos culturales, tres apéndices de televentas y un caso impresionante de emergencia social doméstica no cubierto por el POS, factor hoy en aumento. Desde raspa y armónica, hasta arpa y capachos, circulará por los estrechos corredores toda una orquesta sinfónica, en busca de un aplauso y de las moneditas de 50 con que llenó nuestros bolsillos el maquinista. Perfumes, chanclas y lápices flexibles, además de los caramelos antes descritos, reposarán en los cantos de quienes tiene asiento, mientras el vendedor narra su experiencia de vida, pide perdón por vender incomodando al respetable pasajero y agradece su amable atención. Mientras tanto en el exterior, y ayudados por el continuo trancón, hace presencia la amenazante competencia de vendedores de manzanas acarameladas, Bon Ice y hasta cañas de pescar de cinco metros.